En la oficina

Fui a verle a la oficina a última hora de la tarde.
Era lunes…
Estaba bien vestido, de traje, con el flequillo repeinado y el pecho más abombado. Su barba era delicada, algo tímida con tintes rojizos al detalle.
Sus ojos eran tan vivaces como siempre.
Comenzamos a besarnos muy despacio, con gran cariño. Los dos reposábamos junto a la ventana y en ella se reflejaban las luces de los coches en la Avenida Mesa y López. Yo iba muy sencilla, de negro riguroso con ropa elástica adherida a cada curva de mi cintura, de mis pechos y de mis muslos. Sus manos me acariciaban más allá de la tela, su presión desencajaba toda mi excitación.
Entonces me arrodillé para desabrocharle los pantalones, mientras él rozaba levemente con la yema de sus dedos la piel de mi cara y mis orejas. Después le bajé los calzoncillos y metí con decisión su polla erecta en mi boca.
Poco a poco con los labios fui bordeando la punta y al mismo tiempo que le miraba a los ojos, se la rodeaba entera con la lengua, como si fuera un polo de hielo.
Después de estar un rato llenando de saliva su pene, le sujeté con una mano el glúteo y con la otra presionaba mis dedos contra su perineo. Entonces relajé la musculatura de los labios y su polla y su cuerpo empezaron a follarme la boca. Él me agarraba de la cabeza y se acercaba y alejaba cada vez más intenso, metiéndomela hasta el fondo una y otra vez…
Mi boca era la vagina, en dónde su orgasmo fue devorado hasta el final.
Otra vez en la oficina

Era fin de semana, el edificio permanecía en calma, así que fuimos a cobijarnos un rato a su oficina. La verdad es que tenía bastantes ganas de que me comiera el coño. Una vez allí, me desnudé sin mediar palabra, me apoyé en la pared, separé ligeramente las piernas y mientras le miraba, me tocaba los pechos. Entonces, él me cercó con sus brazos sobre la pared y empezó a darme lamidos en los pezones, para ir bajando muy lento por mi ombligo y vientre. Estaba muy nerviosa, la respiración me iba a mil por hora. Luego me separó con los dedos los labios mayores y acercó la boca para a devorarme sin parar. Después me cogió del culo con ambas manos, su lengua seguía penetrándome el clítoris en círculos, hasta que se detuvo, humedeció bien un dedo y lo introdujo despacio en mi ano, al mismo tiempo que lamía y lamía los bordes de mi coño…
Creía que iba a estallar con su lengua y su dedo dentro de mis huecos sensibles. Pensaba que iba a terminar pidiéndole, que me follara allí mismo, que me follara de verdad, como nunca lo hubiese hecho.
***
Para el amor y el sexo no existen reglas ni fórmulas a seguir, sencillamente porque el acto de la entrega es una forma de deshacer la realidad circundante para construir una propia, una en la que el universo cabe en las dimensiones del lecho de los amantes. Si quieres leer más textos eróticos, te compartimos esta lista de libros eróticos que te enchivarán la piel.
