En caso de que te lo preguntes,
en tal caso que las dudas te puncen,
y es que estando lejos me cuesta tan poco,
que además lo admito, amo serte infiel.
Eso de besarme con la ansiedad me divierte,
revolcarme con la desesperación es un placer,
cogerme tu sensual ausencia se ha vuelto rutina
porque dime tú sino cómo amaría serte infiel.
Y en este preciso momento es la soledad
quien está mordiendo los lunares en mi espalda,
con la delicadeza de no lastimar los arañazos
que me dejó aquel trío con la memoria y la ebriedad.
Incluso olvidé cuántas veces le he subido la falda
a la frase que de tu boca me niego a olvidar:
“No quiero que me esperes”
y a esas cinco palabras, el mejor cunnilingus les he podido dar.
Y es que en caso de que te lo preguntes,
para qué te lo quiero negar,
a todas ellas las he hecho mujer,
y antes de desnudarnos a tu salud solemos brindar.
Porque te fuiste y pensaste que te esperaría,
pero mírame ahora, con una, con otra, con todas,
mírame ahora y date cuenta de que tu lugar pudo ser,
llegué a darle mi amor a tantas, que ahora sólo amo serte infiel.
