La historia de la sexualidad es algo que pocos han investigado. Hay una serie de libros del filósofo francés Michel Foucault en la que busca entender la manera en que llegamos a tener más de 20 siglos de historia y la sexualidad continúa moviéndose entre las sombras y el tabú. Esta noción de sexualidad, en la que la legalidad es tajante, en la que la adolescencia es reprimida y mucho más parece algo eterno, pero la realidad es que muchas civilizaciones antiguas vivían con una liberación sexual que harían que la “revolución sexual” de los años 60 del siglo XX fuera visto como algo obvio y común.

En esas sociedades podemos encontrar sorpresivamente a la japonesa. Ellos dejaron el rastro de esa libertad sexual, esa forma gráfica de entender el placer por medio de dibujos e ilustraciones que llegaron a llamar Shungas. El shunga era la representación gráfica de la sexualidad durante el siglo XVII e irónicamente terminó a principios del siglo XX. Shunga significa “imágenes de primavera”, en Japón la primavera es una palabra metafórica que alude al sexo.

El periodo en el que se crearon las imágenes es conocido como el periodo Edo. Durante los siglos que la isla japonesa vivió en relativo aislamiento de todo lo relacionado con Occidente, su visión del sexo era otra. Mujeres y hombres concurrían en los mismos baños, por lo que la desnudez no era un problema, es por eso que los shungas incluían muchas representaciones donde salían vestidos; el erotismo era aún más grande cuando los dibujos no eran tan explícitos al momento de mostrar cuerpos totalmente desnudos.
Los shungas se convirtieron en divertidas imágenes que ilustraban situaciones sexuales extrañas, incluso algunas veces se incluían criaturas mitológicas; todo era visto desde un punto de vista más cómico que serio. Hay shungas altamente gráficos, otros que muestran algo más absurdo como un pene gigante con ropa masculina y otros en los que incluso hay animales.
Los órganos sexuales con una representación exagerada derivan de las ilustraciones médicas de épocas pasadas en las que se dibujaban las zonas íntimas para llamar la atención. También se cree que los shungas eran una forma de comenzar a educar a los jóvenes en el sexo, mostrar algunas de las cosas que se hacían y cómo se hacían. Una divertida y muy explícita manera de esperar que la incomodidad de la primera vez fuera mucho más divertida y placentera.

Al comienzo del siglo XX, el país se abrió culturalmente, por lo que el conservadurismo de Occidente gobernó. Los baños mixtos se cerraron y los shungas fueron prohibidos. A pesar eso continuaron circulando. Los artistas elaboraban su firma de otra forma para mantener su prestigio y los pagos por estas obscenas obras de arte se elevó.
Hoy, Japón está revalorizando su propio arte gracias a la aceptación que ha visto que tiene en Europa. Una gira inmensa de estas obras tuvo un cierre espectacular en Londres y entonces regresó a Japón, lugar en el que ya ha comenzado a circular en distintas galerías de Tokio. El arte shunga influenció a muchos artistas del siglo XIX y XX como Degas, Toulouse-Lautrec, Klimt, Rodin, van Gogh y Picasso. Los cuerpos exagerados, la sexualidad liberada, las escenas obscenas que muestran otro tipo de amor. También fueron predecesores del hentai. Shunga es primavera y primavera es sexo. Son actos naturales, de belleza y pasión que reflejan los más profundos deseos y obsesiones de la humanidad que continúa buscando su identidad sexual.

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Fuente: FAMSF, Time Out
