5 momentos en los que el arte contemporáneo nos demostró que es una estafa ridícula

domingo, 14 de agosto de 2016 19:09

|Olympia Villagran



Aristóteles definió lo ridículo como aquello que "está fuera del tiempo y del espacio". Es decir, la ridiculez es medida con base en la escasez de sentido, a la sobra de intentos, a la falta de significado y a la ambigüedad de los objetivos que una obra tenga. Sumándole a estas características la estética cómica, exacerbada o repulsiva que la misma posea, es como en muchas ocasiones una pieza artística pasa de ser arte contemporáneo a una basofia de la que no se sabe si es mejor reír o llorar.

Es verdad que algunos artistas intentan causar polémica a partir de lo extraña, incómoda o insípida que pueda llegar a ser su obra, pero cuando el artista sobrepasa un límite bastante subjetivo, por cierto, que para una época, un lugar, una temática o un público específico se contrapone a la reproducción de la belleza, entonces se trata de una situación ridícula y no de una pieza de arte. La tendencia a exagerar ha funcionado en múltiples ocasiones, pero también ha causado rechazo, pues en el arte contemporáneo la estética se ha transformado en cursilería, la pulcritud en ausencia, la polémica en desesperación y la intención en la pérdida del valor artístico.

Es importante recordar los momentos en los que el arte contemporáneo destrozó su propia definición para comprender por qué se habla del mismo como una estafa ridícula que se burla del trabajo verdadero que toda obra conlleva, que sabotea la estética y que interfiere con tantos años durante los que el arte y sus autores realmente trascendieron a la historia.


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5. Cualquiera resulta ser un gran artista contemporáneo

Dos jóvenes que distan bastante de ser artistas se presentaron en dos museos de Londres: Saatchi Gallery y Tate Modern. Ambos se colocaron recostados o de pie delante de una de las paredes libres de cada exposición o galería, cerraron los ojos y se pusieron una pequeña pelota en la boca.

La estafa del arte contemporáneo a veces
no es obra del artista, sino del espectador.


Suponemos que a esto le querían llamar performance; pero la peor parte es que, sin sentido, justificación, estética ni objetivo alguno, el dúo  logró su cometido: varios fueron los visitantes que se pararon frente a ellos a tomarles fotografías y video a los hombres que ni siquiera formaban parte de las piezas del museo. Esta vez no fue necesario un montaje insoportable, pues un poquito de ignorancia fue la que llevó a numerosos espectadores a creer que un hombre parado frente a la pared, sin ningún cometido... era parte de una obra que no se relacionaba en absoluto con el demás contenido del museo y aun así grabaron por varios minutos para llevarse un recuerdo desfachatado de dos cómicos.



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10 trabajos de arte contemporáneo políticamente incorrectos

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4. Lo que es basura se barre y se tira

"When Are We Going to Dance Tonight?" fue la instalación del 2015 cuya temática era nada más y nada menos que la fiesta, la cual fue representada por serpentinas, botellas de champaña vacías y colillas sobre el suelo. Ésta se expuso en el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo en Bolanzo, Italia, por los artistas Goldschmied & Chiari, quienes perdieron su obra completa debido a una confusión, a mi parecer, bastante lógica.

Cuando el arte confunde por falta de sentido, 
no se trata de un enigma, sino de una ridiculez.


Así como queda tu casa después de una fiesta masiva de la que no recuerdas la mitad, fue como se veía el gran montaje de los artistas contemporáneos, por lo que un par de conserjes que hacían muy bien su trabajo pensaron inmediatamente que el desorden se trataba de los restos del evento que se había realizado el mismo día del montaje de la obra. Se dispusieron a barrer colillas, botellas vacías y algunas serpentinas para tirarlas y poder sacar la basura del museo, literalmente. 

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3. El bluff del arte contemporáneo

Inteligentemente, un equipo de creativos, publicistas, directores y actores llamado LifeHunters decidieron poner a prueba a los "conocedores" y admiradores del arte contemporáneo para valorar una pintura de IKEA de no más de 11 dólares. El detalle más importante de este experimento es que el cuadro decorativo, pues eso es lo que era, estaría en una famosa galería de arte, al lado de pinturas de millones de dólares. 

Muchos artistas contemporáneos son grandes
maestros, pero del fanfarroneo y el engaño.


Supuestamente el autor de la pintura era IKE-Andrews y a partir de ese único dato, inexistente por cierto, un sinfín de visitantes decidieron exponer lo que la pintura les transmitía, los detalles extenuantes que veían en ella, el sublime trabajo del artista y hasta una cotización aproximada por el que creían era su valor. "Creo que vale 2.5 millones", aseguró uno de los espectadores. Todo esto comprueba que no importa el origen de una obra, el arte contemporáneo se ha convertido en el fanfarroneo de alardear y en el engaño de simular los recursos de los que una pieza carece.


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2. Un accidente también es arte contemporáneo 

TJ Khayatan, de 17 años, visitó el MoMA de San Francisco con sus amigos, donde se le ocurrió dejar sus lentes en el suelo sin ninguna intención en específico más que la de observar la reacción de los visitantes. Sorprendentemente, o no tanto cuando se trata de arte contemporáneo, fue que lo que parecía un accidente en el que alguien había perdido sus anteojos o los había olvidado por ahí, se convirtió en la pieza de arte más polémica de la exposición.

Al parecer, el arte contemporáneo no demanda
talento, creatividad ni profesionalismo. 


Inmediatamente, todas las personas que ese día visitaron el MoMa empezaron a rodear los lentes de Khayatan para admirarlos y analizarlos, según ellos, y hasta para fotografiarlos con detenimiento. Toda esta inocente estafa se supo cuando el mismo dueño de los lentes decidió documentar la reacción de los visitantes del museo admirando su “arte” en algunas fotografías que también compartió en su cuenta de Twitter. El ridículo de muchos que una vez más creyeron que por ser contemporáneo cualquier cosa puede ser considerado arte se viralizó rápidamente en varias redes sociales.


1. Jugar con un crucigrama es el arte más caro de la era contemporánea

La confusión que llegan a crear obras insípidas o extremadamente cotidianas fue la que llevó a una mujer de 91 años que visitó el Neues Museum de Nuremberg a arruinar la pieza de una artista contemporánea que incluyó un crucigrama sin resolver en su obra. Arthur Køpcke es la autora de "Reading-work-piece", un collage que incluía este crucigrama y en algún lugar la frase “inserte palabras”.

El arte verdadero debería inspirar respeto,
no entretenimento.


La visitante sólo hizo lo que el collage decía, pues no le pareció más que un juego que formaba parte de la exposición, así que ella decidió resolver el crucigrama de una obra asegurada en 90 mil dólares. Después de todo, ella no hizo nada que no se indicara en las instrucciones de un dudoso y ridículo crucigrama valuado en mucho más que otras obras imperdibles.

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 ¿Qué es arte, qué no lo es? Tal vez nos falte mucho para poder juzgar una pieza artística, pero no son coincidencias todas estas situaciones en las que el mismo aire alternativo y ambiguo con el que navega el arte contemporáneo pudo sabotear sus propias obras e incluyó otras que para nada se referían a un trabajo artístico. El arte verdadero inspira respeto, no entretenimiento y menos risa. Lo gracioso es grácil y ligero, pero el arte jamás debería ridiculizarse a sí mismo.


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Si quieres leer más sobre el arte contemporáneo y su complicada puesta en escena, abre el artículo sobre las 8 razones por las que ver arte contemporáneo todavía nos cuesta trabajo y conoce 5 autores alemanes contemporáneos que debes tener en la mira.


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Referencia

Revista Código









REFERENCIAS:
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