Herederos de tradiciones milenarias, los artífices del marfil, la madera, la estampa, el textil, la pintura y los enconchados, impregnaron sus obras con dos de los mandatos de la filosofía confuciana: Virtud personal y tender hacia la perfección.
La palabra marfil posiblemente provenga del árabe cazmal-fil que significa hueso de elefante o, podría venir del sánscrito ibha, también elefante. Este preciado material se obtiene de los incisivos, y no de los colmillos como generalmente se piensa, de animales como el paquidermo, la morsa, el narval, rinoceronte y la ballena, así como del pico del cálao.

En el continente asiático florecieron civilizaciones ancestrales como la china y la de india que han guiado con su sabiduría, ciencia, tecnología, a Oriente y a Occidente.
Las tallas en China se remontan al Neolítico y con una función ritual y artística a la dinastía Zhou (mediados del siglo XI a.C. – 221 d.C.). Japón, una nación más joven también ha enriquecido el imaginario estético occidental. Asia en marfil buscó exponer las relaciones y los intercambios culturales y comerciales. Las obras asiáticas fueron producidas para la decoración suntuosa, los deseos de buena fortuna, de paz, de armonía, de larga vida, de tranquilidad, más nunca para el culto. Inclusive, muchas de ellas como las que presentan efigies de los emperadores se realizaron pensando en el mercado occidental y para la exportación. A diferencia de las imágenes cristianas que sí se dedicaron a la devoción.
La colección además de ser compartida, estudiada y conservada tiene un nuevo sentido que es el hacer conciencia en el visitante acerca del uso de este preciado material que actualmente está prohibido.

Durante el siglo XIX y la primera mitad de XX, los países asiáticos, en particular las colonias europeas, continuaron con la producción de artículos de marfil para el mercado occidental. Hoy esos objetos de arte e historia son memoria. A partir de 1989 las especies en peligro de extinción como el elefante, se protegen a nivel mundial por la Convención Internacional para la Protección de las Especies (CITES) a la cual, México se adhirió en 1991.
A través de cuatro núcleos esta selección complementa el discurso, y dan cuenta de la dedicación y esmero de estos artistas.
I. LEGADO CULTURAL:
Budismo, Hinduismo, Daoismo (Taoísmo). Piezas que hablan sobre la protección personal y del hogar, los deseos de buena fortuna, la longevidad, la iluminación…
CHINA
Abre la muestra el Muro de los nueve dragones. Animal que simboliza el principio creativo o yang, el vigor y la fertilidad. Hoy en día, el pueblo chino se sigue identificando como «descendiente del dragón».
Los Ocho inmortales daoistas (taoístas). Son un grupo de personajes legendarios de la mitología china. Se supone que cada uno de ellos tiene un poder que puede destruir el mal.
La trilogía de los dioses estrella: Fu, buena fortuna; Lu, prosperidad; y Shou, longevidad, se veneran en Asia desde la dinastía Ming (1368-1644), como las deidades daoistas (taoístas) que caracterizan los atributos de una buena vida.
Emperadores, emperatrices, héroes y cortesanos. Figuras emblemáticas del poder, algunos mezclados con la historia y la tradición popular como la mítica guerrera Mulan, el General Guandi o Yang Guifei (719-756), una de las Cuatro mujeres hermosas chinas y cortesana del emperador Xuanzong (685-762).
El Buda histórico, los budas ideales, los bodhisattvas, los discípulos Arhants o Luohan y escenas del Budismo.
Deidades del Hinduismo aparecen en postura tribhanga, con tres flexiones: en los hombros, las caderas y las rodillas. Y entre las deidades, Brahma, Vishnu y su esposa Lakshmi. Shiva, Parvati, Ganesha, Sarasvati, Krishna, Radha y las bellas doncellas celestiales, las nayikas, al servicio de los dioses.
JAPÓN, ARTE Y CULTURA

Cada uno de los Siete Dioses de la Fortuna tiene un origen diferente y muchas veces se les representa en grupo, o montados en el Barco de los Tesoros, símbolo auspicioso, sobre todo en época de año nuevo, cuando llegan a repartir la buena suerte.
Entre los demás temas representados sobresalen el costumbrismo japonés y el netsuke (atar a la raíz). Es un pequeño objeto que servía de tope para sujetar al cinturón o faja del kimono, una pequeña cajita o canastilla (inro) que estaba conectada a él, y en la que se guardaban medicinas u otras cosas pequeñas.
II. ASIA INTERPRETA A OCCIDENTE
El encuentro entre los europeos, los americanos y los asiáticos ha devenido en una relación continúa de intercambio de productos artísticos y del diseño, en donde los artífices orientales desbordaron su ingenio en producciones para el culto cristiano.
Las representaciones de la Virgen María, el Niño Jesús, Cristos y santos se llenaron de expresiones orientales. Los rostros en meditación de las deidades hinduistas y de los bodhisattvas budistas encontraron en las figuras cristianas un eco espiritual. Los tallistas con sus nacionalidades diversas crearon escuelas como la hispano-filipina, dirigida por los sangleyes asentados en Filipinas; distinta de la de los artesanos en China continental. De los territorios que comerciaban con Portugal, la escuela lusoindia tuvo vertientes cíngalo, indo y nipo portuguesa.

III. ENCUENTROS Y DESENCUENTROS
La devoción de la Virgen María y del bodhisattva Avalokiteshvara o Guanyin, reunieron vertientes iconográficas similares e inspiración en las virtudes espirituales de la compasión y el amor universal.
A fines del siglo XVIII, se encargaron imágenes religiosas con la efigie de la Virgen María a los artistas asiáticos. Inspirados en las representaciones de Guanyin recrearon el rostro tranquilo. Las figuras en muchas ocasiones aparecen sosteniendo una perla, asociada en China con la inmortalidad.
Avalokiteshvara «señor que mira compasivo hacia abajo» es el bodhisattva de la compasión para el budismo Mahayana. En Tibet es Chenrezig, en Japón recibe el nombre de Kannon y en China, Guanyin. Existen treinta y tres iconografías distintas para Avalokiteshvara. El monje chino Kumarajiva, en el 406, fue el primero en referirse a él en femenino cuando tradujo el Sutra del loto.
Durante la dinastía Tang (618-907), en el siglo VIII, con la llegada del budismo tántrico o Vajrayana se volvió cada vez más frecuente la representación del Guanyin con rasgos femeninos y vestimenta blanca. Los cristianos asiáticos, durante las persecuciones religiosas, rezaban en secreto a la Virgen María frente a las imágenes de Guanyin.
Una serie de estampas sobre san Felipe de Jesús, impresas en 1801, dan cuenta de la vida del que sería el primer santo mexicano, y también de la devoción del pueblo.
Otra pieza emblemática es el teatrino de factura alemana dedicado a san Francisco Javier, la bella pieza ilustra la vocación de misionero y su paso por tierras de Oriente.
IV. INSPIRACIÓN OCCIDENTAL EN ASIA Y COMERCIO ANCESTRAL
El último núcleo está dedicado a la fascinación que Asia ha ejercido en la creatividad y las utopías occidentales. La belleza de los artículos chinos, japoneses y de India, su perfección técnica y su innovación, generaron un creciente interés en América y Europa. Las crónicas de los viajeros e incluso la fisonomía asiática provocaron durante el siglo XVIII y hasta el XIX, una fiebre por lo oriental. Surgiría el chinoiserie, un movimiento de las artes y el diseño nacido en Francia y con un gran desarrollo en el Reino Unido, que tendría como centro «el sueño del mundo oriental» sin una base apegada a la realidad y más como una fantasía europea inspirada, sobre todo, en China.

Una de las vertientes más interesantes del chinoiserie inglés será la loza de transferencia del «patrón del sauce llorón». Serían los loceros ingleses de Staffordshire quienes en sus inicios se basaron en antiguas pinturas chinas pero que con el tiempo recrearon un estilo esquemático que incluyó pagodas, ríos, montañas y árboles. A este modelo se le conoce como «patrón de sauce llorón» y el más antiguo data de 1818 y hoy decora la vajilla de Sanborn´s.
Protección, buena fortuna, elegancia, mística, sensualidad. Refinamiento en extrema delicadeza que espera ser descubierto en Asia en marfil… Un viaje a través del tiempo. Una mirada para Asia y un puente que comunica filosofía, historia, arte y cultura…
Asia en marfil se presentó en el museo Soumaya para conmemorar los dos años del recinto, las piezas de la muestra resultan una generosa donación de la señora Laura Fernández MacGregor Maza, de más de 600 piezas, se sumaron al acervo del Soumaya, con los trabajos de eboraria ya existentes de los fondos virreinales de Gonzalo Obregón. Tras un puntual inventario y labores de conservación, restauración y curaduría del equipo del Soumaya aunado al apoyo en asesoría y documentación de piezas de los profesores-investigadores de El Colegio de México, Dr. Benjamín Preciado y Dr. Amaury García, las obras salieron a la luz por primera vez en la sala 2 de la sede en Plaza CARSO.
