“A veces me siento tan mal por el estado del mundo que ni siquiera puedo terminar mi segundo pastel de manzana”.
– Banksy
Un rostro desconocido se esconde tras el aerosol con el que adorna las paredes, calles y espacios públicos de las más importantes ciudades del mundo. Un artista cuya voz no se escucha pero vive en la protesta que representan sus obras. Un hombre conocido por burlarse de la sociedad a través de su arte aunque en realidad es el reflejo exacto de lo que ocurre en el siglo XXI.
Banksy, nacido en Inglaterra, es un artista urbano que a través del stencil y la pintura en aerosol le ha gritado al mundo que la humanidad se encuentra en decadencia. Transformándose en un ícono de la cultura popular, mantiene su identidad en secreto y ha hecho de los graffiti, su imagen.

Su obra es una revolución, un arte que no tiene miedo a luchar por la paz, la justicia y la libertad. En 2010 fue reconocido por la revista Time como una de las 100 personas más influyentes, compartiendo créditos con personajes como Barack Obama y Steve Jobs; hoy, su obra satírica ha pasado de Londres y Vienna a San Francisco… de Barcelona a París y Detroit.
Este año, su peculiar creatividad lo llevó a crear uno de sus proyectos más ambiciosos, un siniestro parque de diversiones de nombre Dismaland.

El parque, ubicado en Weston-super-Mare, era tan irreverente como el mismo Banksy y de una forma sombría asimilaba a Disneylandia. El lugar contenía más de 50 obras de artistas urbanos como los británicos Damien Hirst y David Shrigley, los españoles Escif y Paco Pomet, la estadunidense Jenny Holzer y 10 pertenecientes al artista de las calles.
Como una forma de expresión, difusión y crítica a la sociedad, Dismaland abrió sus puertas al público el pasado 22 de agosto, exponiendo la miseria y realidad del mundo, misma que le dio un giro a su lúgubre historia.

Fue este domingo 27 de septiembre, que después de 150 mil visitas, el parque decidió cerrar definitivamente sus puertas. El activismo de Banksy lo llevó a cerrar y desmontar el parque para enviar materiales a Calais, Francia. ¿La razón? Construir refugios para los migrantes, quienes esperan en la localidad francesa para después continuar su viaje hacia Reino Unido. La página del subversivo parque de atracciones presentaba la siguiente leyenda con un tono irónico:

“Pronto… Dismaland Calais. Enviaremos toda la madera y las instalaciones de Dismaland a los campos de refugiados de Calais para construir refugios. No habrá venta de entradas en Internet”.
Banksy, cuyas obras se cotizan en cientos de miles de dólares, nos recuerda con esta acción la verdadera intención del arte urbano. Un arte que sea medio de expresión para exigir aquello que hace falta en el mundo.

“Algunas personas se hacen policías porque quieren hacer del mundo un sitio mejor. Algunas personas se hacen vándalos porque quieren hacer del mundo un sitio más bonito”.
– Banksy
