“Quiero estar en mi cama, en mi apartamento.
Hogar, dulce hogar. En ningún lugar se está como en casa.
Llevadme a casa, caminos del mundo.
Nuestro hogar es donde tenemos el corazón,
pero mi corazón se encuentra aquí; así que debo de estar en casa”.
Audrey Niffenegger
No hay lugar como el hogar, reza un famoso dicho; es el espacio al que llegas a descansar después de las ajetreadas labores diarias, donde se encuentran muchos de los objetos más preciados y las memorias más amadas. Cada uno de los rincones tiene un trozo de historia, de rostros, de susurros y esencias de las personas que han tocado nuestra vida y compartido el espacio, aunque fuera sólo una tarde de té.
En pocas palabras, como dijo el arquitecto y pintor suizo-francés Le Corbusier: “La casa debe ser el estuche de la vida, la máquina de felicidad”.
El hogar influye en nuestro comportamiento ante la sociedad; si tu hábitat no refleja lo que eres, jamás te adaptarás en ese sitio, y tu psique buscará modificarlo de una o mil maneras; en muchas ocasiones, el camino para lograrlo no resulta ser la mejor de las opciones para la vida en conjunto, pero sólo así —se cree— el habitante conseguirá darle sentido y significado a su techo.

Luego de los errores en la construcción e implementación de unidades habitacionales en México, se tiene claro que los nuevos fraccionamientos se deben diseñar de una manera más funcional, pensando en las necesidades de cada grupo que las habite. Es ese el pilar en el trabajo del arquitecto chileno Alejandro Aravena, quien diseñó un concepto que cobra sentido al ofrecer lo que los habitantes tengan sólo lo que quieren y necesitan. Su proyecto arquitectónico no establece como una prioridad la economía personal, pues al presentar casas en las que los espacios pueden ser construidos paulatinamente, los habitantes peden jugar con las ideas y valores que hacen que el desarrollo social progrese de manera conveniente, para hacer de su hogar un sitio verdaderamente funcional que cuide su economía.
Ha sido difícil establecer un modelo de vivienda ideal tanto para familias pequeñas, como para aquellas conformadas por más de cuatro individuos, ya que cada uno de sus integrante tienen diferentes estilos de vida y, sobre todo, gustos. La característica de estas casas es que su diseño ofrece calidad habitacional a las familias que invierten en su patrimonio, pues con la posibilidad de diseñar en el mismo espacio, la casa crece según las necesidades y gastos de cada familia.

En la actualidad existen diferentes propuestas que ofrecen un sentido de adaptación más amplio a las familias que viven en casas en serie, convirtiéndolas en casas en serio y el proyecto de Aravena, actual poseedor del Premio Pritzker, destaca por ofrecer mejores oportunidades de vida a partir de casa diseñadas para brindar un espacio habitable pero diseñado conscientemente para el bienestar de las personas; además, promueve la reducción del consumo energético y cuida los espacios públicos.

Sus propuestas inspiradas en los barrios populares y las favelas, da oportunidad a ciertos elementos arquitectónicos que pueden ser añadidos o personalizados por los mismos usuarios como escaleras, barrotes, puertas y muros, convidándolos a la toma de decisiones sobre los detalles, lo cual deviene en el sentido de adaptación y territorialidad que todos necesitamos sentir.
“Mi filosofía arquitectónica se basa en incluir a la comunidad en el proceso”

La Universidad de Harvard junto con INFONAVIT tienen un proyecto de planificación urbana y diseño llamado: ReThinking Social Housing In Mexico; esta iniciativa se basa en el estudio de diferentes proyectos sociales y arquitectónicos a nivel internacional para poder aplicarlos y adaptarlos a áreas metropolitanas del país, eligiendo zonas en Mérida, Oaxaca, Tlalnepantla, Celaya y Monterrey para comenzar. Sus resultados son una guía de planeación con más de 70 estrategias aplicables a la densificación y renovación de las áreas metropolitanas existentes, al desarrollo de zonas verdes y a la coordinación y desarrollo de datos de indicadores urbanos. Estas estrategias también abordan el diseño sostenible y su financiación hipotecaria.

“La arquitectura puede introducir un concepto más amplio de ganancia: el diseño como valor añadido en lugar de un costo adicional; la arquitectura como un atajo hacia la igualdad”.
Es importante pensar la manera en la que podemos hacer algo por los demás; la arquitectura forma parte del desarrollo social así que los arquitectos deben marcar la diferencia y promover mejoras, por otro lado, si eres quien va a adquirir una casa de interés social, no te conformes con algo que no es bueno para ti, da un valor a lo que quieres recibir, todos tenemos derecho a una vivienda digna.
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Es importante que reflexionemos sobre el impacto que todos los aspectos artísticos, sociales y políticos tienen sobre la sociedad y el desarrollo de su vida, Arquitectura basura para una vida basura, una respuesta al pensamiento contemporáneo, es una invitación al cuestionamiento personal y a la valoración de cada aspecto humano y material.
