De todas las funciones posibles del arte, recordar lo olvidado se vuelve casi una obligación de su quehacer social.
Detroit es una ciudad que podemos recordar después de ver películas como Searching for Sugar Man, Only Lovers Left Alive o cuando escuchamos Try, try, try de los Smashing Pumpkins, pero Detroit es más que el escenario para el desarrollo de películas o canciones.
Detroit es conocida como Motor City por su gran producción en la industria automovilística pero entre el año 2000 y 2010 debido a la crisis económica, más de un cuarto de la población abandonó la ciudad. Lo que la hizo ver como una ciudad fantasma. En 2012 el juez Steven Rhodes declaró a la ciudad en bancarrota, al acumular una deuda de más de 18 mil millones de dólares.

La ciudad se quedó sin industrias, sin casas y sin habitantes, pero algo llegó inesperadamente a la ciudad: el arte. Detroit se ha convertido en albergue para instalaciones artísticas que reclaman no olvidar a la ciudad, retoman espacios abandonados y los trasforman.
Scott Hocking, es un artista originario de Detroit que se especializa en escultura y fotografía pero sobre todo en hacer intervenciones urbanas. Algunas de ellas las realiza utilizando el material que hay en las construcciones destruidas en la ciudad.
El hecho de reutilizar materiales, va más allá de un simple reciclaje; los resignifica. Así, los convierte en un testimonio de la evolución que ha sufrido la ciudad, el contraste de los materiales encontrados y utilizados hablan de lo que fue Detroit y de lo que se ha convertido. Convierte las ruinas en una especie de monumento urbano.
Su intervención más significativa es en Packard Plant: Garden of the Gods (2009-2011). Es una obra que interviene el último piso de un edificio ya sin techo, entre los escombros sobresalen doce columnas que sostienen televisiones. Estas fueron encontradas en el mismo edificio y posteriormente colocadas sobre las columnas.

Hocking hace una especie de Partenón urbano entre los restos de lo que había funcionado como un almacén. Garden of the Gods resulta ser una excelente alegoría entre la obsolescencia de la tecnología y el paso del tiempo sobre el espacio. La intervención fue documentada con fotografías a lo largo de tres años haciendo evidente la transformación sufrida a causa del tiempo y el clima cambiante.
El interés de Scott Hocking se centra en recuperar aquello que ha sido olvidado o que no se ve. El artista además de intervenciones urbanas, también lleva los materiales abandonados que encuentra en las construcciones y los transporta a galerías, convirtiéndolos en obras de arte.
Scott Hocking, es solo una muestra de los artistas que están haciendo de Detroit una galería urbana. En donde la ciudad es la protagonista y el espectador puede ser cualquiera. Las intervenciones urbanas comenzaron desde finales de los 80, y ahora la ciudad se ha convertido en centro de convergencia para artistas y colectivos que buscan rescatar a la ciudad a través del arte urbano. Scott Hocking es una muestra de que el arte surge ahí donde tiene algo que resolver, para hacer visible lo que no está al alcance de la mirada común. Ante esto, es necesario seguir las intervenciones de Detroit como un ejemplo, para la resignificación del espacio que todos transitamos y muy a menudo olvidamos.
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