La mujer que conquistó e inspiró a Dalí con su locura y ambición

Miércoles, 28 de febrero de 2018 11:37

|Olympia Villagrán
elsa schiaparelli

Este par de locos convirtió sus sueños, pesadillas, deseos y sentimientos en colores, formas y texturas que conquistaron al mundo entero.



La creatividad de Elsa Schiaparelli no sólo la convirtió en un ícono de moda y estilo, también provocó que su enemiga número 1 –Coco Chanel– le arrojará una vela prendida para incendiar su vestido de gala en una fiesta del Café Society (al menos ese es el rumor del que hoy se sigue hablando). Schiaparelli –diseñadora de moda, italiana e hija de aristócratas– se casó de negro mientras le declaraba la guerra a la creadora de la fragancia Chanel Nº5; al mismo tiempo, se convirtió en una celebridad que todos querían conocer y una artista con la que cualquiera deseaba colaborar, pero hubo alguien en particular que terminó enamorándose de la locura de Elsa: Salvador Dalí.


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Elsa y Coco, referentes de la moda femenina durante los años 20 y 30, protagonizaron una de las enemistades más interesantes de la historia. De esta guerra de talento no sólo aprendimos cuánto pueden llegar a odiarse –y al mismo tiempo admirarse– dos mujeres que sufrieron tanto por desamor y que trabajaron tanto por su pasión. Este dúo de estilos tan opuestos como el rosa y el negro, también trajo consigo una separación entre artistas y creativos. Tal fue el caso de Dalí, quien no pudo escapar del "rosa impactante" que Schiaparelli utilizaba en casi todos sus diseños y mucho menos pudo ignorar su locura emblemática.


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Salvador Dalí, el hombre de bigotes que hizo del surrealismo una utopía, se enamoró de la imaginación de Schiaparelli y se obsesionó con su ambición. El pasado de la diseñadora giró alrededor de una familia que la discriminaba por su físico y de una soledad que siempre la acompañó, al casarse sintió que había cometido el peor error de su vida pues al poco tiempo se quedó sola con una hija pequeña y sin un centavo. Con todo ese infortunio y con alguna que otra anécdota mágica de la italiana el pintor catalán se conectó intensamente; juntos –y contra el mundo– imaginaron, crearon y materializaron obras de arte que a nadie más se le pudieron haber ocurrido. Este par de locos convirtió sus sueños, pesadillas, deseos y sentimientos en colores, formas y texturas que conquistaron al mundo entero.


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Arriba: La ciudad de los cajones (1936), Salvador Dalí y junto a la pintura un boceto de Elsa Schiaparelli

Abajo: Jirafa en llamas (1937), Salvador Dalí y junto a la pintura un diseño de Elsa Schiaparelli


A pesar de que Schiaparelli jamás tuvo más que una amistad con Dalí, él la consideró una de sus fuentes de inspiración imprescindible. Gala, la adorada y musa de Salvador, usó el sombrero en forma de tacón que Elsa creó porque alguna vez el surrealista le contó que prefería dormir con un zapato en la cabeza.


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A la par, la también creadora de fragancias como "Shocking", fue la luz que iluminó al genio surrealista para crear la pieza Mujer con cabeza de rosas (1935). Ésta –junto con Mujeres con cabeza de flores encontrando en la playa los despojos de un piano– fueron las pinturas que surgieron de la anécdota en la que Elsa intentó sembrar flores sobre su propio rostro. Cuando la diseñadora era una niña soñó que un ramo de flores le brotaba de los oídos y las fosas nasales y esa le pareció una buena solución para dejar de ser "tan fea" como su mamá la consideró siempre.


Un día la diseñadora decidió introducir algunas semillas en su nariz, lo cual le provocó una asfixia que la llevó al hospital de emergencia y así surgieron las damas de cabezas cubiertas de flores que pintó Dalí.


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Historias excéntricas e inocentes como ésa son las tejieron la amistad entre Dalí y Schiaparelli. Juntos se convirtieron en el centro de atención del mundo artístico, pero también de la socialité que –agotada y deprimida del panorama bélico– ansiaba encontrar una distracción cautivadora a la cual admirar. Por un momento, los desfiles de moda inspirados en el surrealismo del entomofóbico (persona con fobia a los insectos) y las pinturas basadas en la vida de la innovadora artista fueron la perdición de personalidades como "la sombrerera", apodo que Elsa le puso a Coco Chanel.


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Arriba: El gran masturbador (1929), Salvador Dalí

Abajo: Joyería de Elsa Schiaparelli inspirada en insectos


El vestido inspirado en el teléfono de langosta del pintor de Los relojes blandos fue la cúspide del éxito de esta dupla. Cuando Wallis Simpson –duquesa de Windsor, socialité estadounidense y cliente distinguida de Chanel– posó con este diseño para Vogue, la envidia y competencia entre las dos diseñadoras se intensificó. Además, el carácter desafiante, ocurrente y erótico del ya conocido arte de Dalí se fusionó con la costura de Schiaparelli: volviéndose invencibles, pero muy criticados también. Sin embargo, el éxito de la inspiradora mujer con cabeza de rosas se consolidó por completo cuando la revista Time publicó en portada a la artista como la mejor diseñadora de la época.


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Sin embargo, la guerra y la exigencia de los europeos en tiempos difíciles llevaron a Schiaparelli a la ruina y eso permitió el regreso de Coco, su amor por el color negro y su fascinación por la elegancia de la sobriedad. Con el surrealismo de Dalí no ocurrió lo mismo, pues hasta la fecha él es una figura que todos reconocen y recuerdan; mientras que los saltamontes del catalán perduran en sus pinturas y en nuestra memoria, los diseños de Elsa inspirados en otros cuadros de Salvador quedaron en el olvido.


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Coco resurgió como el ave fénix y su vestido negro y excepcional fragancia se recolocaron en la escena de la moda. Los perfumes escultóricos creados por Schiaparelli fueron olvidados como cualquier objeto de colección y el trabajo artesanal de Gabrielle Chanel se reivindicó frente al proceso creativo que "la italiana" –como ella la llamaba– utilizaba para materializar sus ideas.


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La mujer que conquistó e inspiró a Dalí con su locura y ambición no fue ni su amante ni una pintora surrealista, sino una diseñadora de moda que decidió que el rosa mexicano –el cual ella denominó shocking pink–, las colecciones temáticas –como la que creó sobre el circo– y los estampados cómicos, junto con joyería inspirada en insectos, lentejuela bordada y textiles brillantes eran la máxima expresión del estilo.


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Olympia Villagrán

Olympia Villagrán


Editora de Estilo de Vida y Diseño
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