Texto escrito por Vanesa Carabez
Creo que te estoy empezando a odiar y no quiero,
creo que te estoy empezando a odiar y por eso me alejo.
Me alejo porque no te quiero dejar de querer.
Me alejo porque si no lo hago ahora que te quiero me temo que el amor se va a convertir en rencor.
Empiezo a odiar tu sonrisa, cuando es ajena a mí, cuando se la dedicas a alguien distinto o a momentos que no me pertenecen.
Empiezo a odiar cómo te tengo que buscar constantemente, cómo tengo que esforzarme para que entiendas lo que siento, y cómo tengo que dejar mi orgullo sólo para recibir un hola de ti. A esperar que el primer mensaje no sea sólo un favor, si no un simple hola, un ¿cómo estás?, y quizá con suerte un te extraño, te quiero ver; pero no, la única que lo dice ahora soy yo, y por esto te empiezo a odiar.

Empiezo a odiar el poco esmero que le pones a todo, no sólo a mí, a todo. Y todo lo que esperas de la gente a tu alrededor, lo que exiges, y tú, ¿qué das a cambio? Empiezo a odiar cómo tratas tus cosas, a tus amigos, incluso a tu familia, y a mí.
A odiar los recuerdos y la idea que tengo de ti, el pedestal tan alto en el que te puse y del cual aunque trate, en contra de todas mis fuerzas, no te puedo bajar.
A odiar cómo eres indiferente a todo lo que me pasa, todo lo que me haces y todo lo que me causas.
A odiar tus viajes, tus idas y venidas y tu bipolaridad.
Empiezo a odiarte a ti, tus hábitos, tu manera de besar, o, en realidad, a que ya no nos besamos.
Te empiezo a odiar y no lo quiero, te quiero querer siempre, y te quiero como eres, por esto y muchas cosas más me alejo.
Me alejo de ti, de tu sonrisa, de tus problemas, de nuestras pláticas, nuestros paseos, nuestros silencios, tu talento, tu falta de reconocer tu talento, tu vanidad, tu amor y tu desamor, de la bien que me la paso contigo, de todo lo que te conté y todo lo que no.
Me alejo de lo feliz que me haz hecho sentir porque ahora sólo siento cómo esto se comienza a ir y en su lugar sólo quedan dudas y dolor, me alejo de mis sonrisas a tu lado, de abrazarte, cuidarte, escucharte, aconsejarte, me alejo de prestarte más atención a ti que a mí, porque ahora me toca a mí, me toca cuidarme y quererme; y como tu ya no lo piensas hacer, ya no lo quieres hacer, por eso me alejo de ti.
Me alejo porque te extraño, te extraño todo el tiempo y esto me hace daño, me hace daño esperar algo de ti cuando tú ya no lo quieres dar, me hace daño quererte y que no me quieras, y no por el hecho de que me tengas que querer, si no porque una vez lo hiciste y de pronto lo dejaste de hacer; me hace daño todo lo que no tenemos y mucho más lo que sí, porque por más que me esfuerce, por más que sufra, llore, grite, tú no piensas volver y esto me hace daño, porque en mi retorcida cabeza yo pienso que sí.

Me alejo porque tu lo haces y ya me cansé de ser la que espera, me cansé de ser la que quiere y salir regañada porque no lo demuestro, me cansé de ser tú a veces cuando tu eres mi siempre, y me cansé de estar enamorada de la única persona que nunca me ha valorado por lo que soy y lo que le doy, si no por lo que la gente le dice de mí.
Te quiero siempre y te lo he dicho muchas veces, te quiero y te perdono todo lo que haces, todo lo que te acabo de mencionar y todo lo que me piensas hacer.
Te quiero y por eso me alejo, y aunque me alejo aquí estoy y aquí estaré; me alejo porque te quiero olvidar, te quiero superar, pero al mismo tiempo no lo quiero y por eso me alejo pero aquí me quedo. Me alejo y muy dentro de mí espero que me persigas, que me detengas y que no me dejes hacerlo.
Me alejo y espero que te alejes también, pero, sobre todo, me alejo y deseo que me puedas detener.
**
A veces cuando nuestra vida parezca un rompecabezas y sólo nos llene de decepciones, recuerda que a pesar de todo, debes mantener la ilusión, pues todo lo malo siempre se va, como se menciona en este poema.
**
Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Yoann Boyer.
