Este poema a la ausencia podría despertar la nostalgia de los sueños del pasado; continúa leyendo…

Nada me recuerda su rostro, ni su presencia, ni su ausencia. Escribí su nombre con letras inhumanamente grandes. Tengo su aroma en mi almohada y mi sabana se pierde en su piel, me arropo con ella y me pierdo en su noche, en los negros lisos que caen por su espalda.No me encuentro perdido, ni siquiera me encuentro encontrado, no puedo perderme en mi propia cabeza, y si ya lo hice, me daría por muerto en cordiales corduras que se desprenden de mis ojos para sanar la profundidad de su falta de tacto.

Me desvelo con la llama de la vela que dibuja contra la pared su perfecta silueta.
Una pequeña sensación.
Una inquebrantable inquietud.
Una absurda excusa.
Pienso en dejar su cuerpo, en dejar su cariño, en dejar todo atrás por esa pequeña sensación que me ha robado el rostro de lo amado por mi corazón. Aquella inquietud ha borrado mis más fervientes sonrisas, mis más sinceras disculpas. Esa maldita y absurda excusa ha dejado en mí el temor.

Siento su ausencia, pero no es propia de lo amado por mi corazón, es mi propia ausencia la que siento, erradicada en cada una de sus células. Escribo su nombre en letras inhumanamente grandes sólo porque no me encuentro capaz de gritárselas al oído, llamarla por su nombre y decirle que aquí estoy, que me encuentre, que me extravío todas las noches en estas cuatro paredes.Tal vez, para cuando todos se den cuenta, será demasiado tarde, ya habré dejado de ser para formar parte de los que fueron.Estoy divagando en letras, en acertijos y orgullo. Estoy perdiendo la cordura y estoy perdiendo lo que ama mi corazón.
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La memoria nos traiciona en los momentos en los que menos lo esperamos, cuando más susceptibles nos encontramos y no tenemos el espacio adecuado para dejar salir a los recuerdos, pero la poesía nos sirve como consuelo en aquellas ocasiones, por eso te compartimos cuatro poemas de desamor para comprender que somos presos de la memoria.
