Texto escrito por: Jaqueline Tavera
«Prefiero ser yo mismo, yo y desdichado, antes que cualquier otro y alegre.»
–Un mundo feliz, Aldous Huxley

Una novela me marcó cuando era niña, y aún hoy me hace pensar. No se trató de una historia infantil, ni mucho menos. En mi casa, además de libros de historia, medicina y algunas novelas de aventuras (como Colmillo blanco de Jack London o Miguel Strogoff de Julio Verne) había otro libro que, quién sabe por qué circunstancias, terminó en mis manos: Un mundo feliz de Aldous Huxley.
Aquel libro llevaba tiempo en el estante: sus hojas estaban amarillentas y había acumulado polvo. No recuerdo un libro anterior que me haya atrapado tan rápido; tampoco haberme sumergido con tanto terror en un mundo futuro que se me antojaba verdadero —después de todo aquel revuelo por la famosa oveja Dolly, la idea de los niños in vitro no resultaba alejada de la realidad—. Y recuerdo haberlo terminado con una sensación de vacío y un miedo de verdad, que hasta la fecha no ha podido superar ninguna historia de terror.
Ahora, mientras las ventas de los relatos distópicos proliferan—una respuesta de los lectores ante un panorama futuro cada vez más desolador, donde entre las esferas del poder hacen acto de presencia figuras que atentan contra todo aquello que representa la lucha por los derechos humanos—, este libro se nos antoja cercano al mundo que habitamos o hacia el que nos dirigimos.

En Un mundo feliz, tras una terrible, guerra todo ha sido reorganizado y es dirigido por un Estado Mundial. Dividido en diez zonas de seguridad, cuyas periferias son habitadas por “salvajes”; la guerra y el hambre han sido erradicadas y la felicidad es el fin último de cada individuo. ¿Por qué un mundo que suena tan utópico puede ser tan escalofriante?
Estos son los principios que el Estado Mundial utilizó para la construcción del nuevo orden en apariencia perfecto:


Sí, Un mundo feliz es una utopía, pero una basada en la falsedad. Tal vez lo que nos enseñan Huxley y sus personajes es que la tristeza también es un modo de ser feliz. Es un modo, al menos, de ser libre.
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Descubre también todo lo que no sabías de Aldous Huxley y los libros distópicos que Huxley seguro recomendaría
Este artículo fue publicado originalmente el 22 de noviembre de 2018 y ha sido actualizado por Cultura Colectiva.
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