
La Revolución mexicana, que comenzó el 20 de noviembre de 1910 y se prolongó durante una década, es reconocida como la primera gran revolución política, social y cultural del siglo XX. La Revolución Mexicana dio origen a una variedad de nuevas corrientes artísticas en la plástica, la literatura y la música. En el caso específico de las artes plásticas, quizás la expresión más destacada sea el movimiento muralista.
Una vez que terminó la lucha armada, fue necesario reconstruir una nación destrozada. El recién elegido presidente, el general Álvaro Obregón, nombró a José Vasconcelos secretario de educación pública. Vasconcelos tenía un serio desafío: lograr educar a la gente de un país en el que la inmensa mayoría eran analfabetas. El arte público iba a ser parte de la solución. Entre los muralistas más importantes se encuentran “Los tres grandes”: Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. Los muralistas veían el arte no principalmente como un producto estético o expresivo, sino como un producto educativo, un arte del pueblo.
Foto: José Clemente Orozco, La trinchera, 1926 Wikimedia Commons
Foto: José Clemente Orozco, Zapatistas, 1931, MoMa
Movimiento muralista
El movimiento muralista duró aproximadamente medio siglo, desde principios de la década de 1920 hasta la de 1970. A través de él, tanto el arte como la cultura de México se pusieron al servicio de la sociedad y los ideales de la Revolución mexicana. Los pintores muralistas, muchos de los cuales eran activistas políticos, utilizaron las paredes de los edificios públicos, palacios, universidades y bibliotecas para contar tanto la historia de la revolución como la vida cotidiana de la gente. Las pinturas murales definieron la identidad de la nación y reconocieron las raíces indígenas de México. Documentaron el sufrimiento de los pueblos originarios a manos de los conquistadores españoles, reconociendo al mismo tiempo la historia y la cultura compartidas de México.
Foto:Diego Rivera, Zapata, Líder agrario, 1931, Espina Roja
Foto: Diego Rivera, La historia de México, 1935, MX CityActualmente se pueden apreciar muchas de las obras que reflejan la lucha popular de la Revolución mexicana en los muros del Palacio Nacional pintados por las talentosas manos de Rivera o en la épica obra (considerada el mural más grande del mundo) de Siqueiros en el Polyforum: La marcha de la humanidad en la tierra y hacia el cosmos o Del Porfiriato a la Revolución también conocida como La Revolución contra la dictadura porfirista en el Castillo de Chapultepec.
Foto: David Alfaro Siqueiros, Del Porfiriato a la Revolución, 1966 Cultura
Foto: David Alfaro Siqueiros, La marcha de la humanidad, 1971 MX City
Obras inspiradas en la Revolución mexicana
Otro muralista destacado es Juan O’Gorman, quien a pesar de ser descendiente de padres británicos, compartió en sentimiento de lucha revolucionaria y lo plasmó en sus propios frescos como Retablo de la Revolución (sufragio efectivo no reelección), un clásico de la Revolución mexicana, en la cual destaca la figura de Madero.
Foto: Juan O’Gorman, Retablo de la Revolución (sufragio efectivo no reelección, 1968 CulturaFinalmente, es difícil hablar del arte de la Revolución mexicana sin mencionar a uno de sus grandes exponentes, que a pesar de no realizar obras en gran formato, siempre destacó por su estilo y sentido del humor: José Guadalupe Posada. Este artista se distinguió por abordar la crítica social desde una perspectiva humorística con sus infinitas calaveras revolucionarias.
Foto: José Guadalupe Posada, Calavera maderista, Artsy
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