Quizá sean los sueños el mayor motor que empuja a la humanidad a cambiar, a alcanzar realidades más allá de lo, hasta cierto tiempo, posible. Construir otra realidad a través del sueño resulta fácil, mágico. Esto cambia cuando, al despertar, sólo pocos se atreven a poner cimientos a esas otras realidades.

El sueño se define como un estado de reposo uniforme de un organismo y se caracteriza por los bajos niveles de actividad fisiológica (presión sanguínea, respiración); además de una menor respuesta ante estímulos externos.
El deseo de saber qué es lo que pasa al acostarnos, cerrar los ojos y crear imágenes a través de un estado de completo reposo, ha desesperado a investigadores, filósofos, psicólogos y diferentes especialistas, quienes buscan encontrar qué es lo que pasa en la mente durante esos momentos.
Gracias a investigaciones se definieron estados y fases del sueño a través del movimiento ocular y el registro de parámetros electrofísicos.

La hipótesis de que el sueño participa en la consolidación de la memoria reciente, ha sido investigada mediante cuatro paradigmas: efectos de la privación del sueño sobre la consolidación de recuerdos; efectos del aprendizaje sobre el sueño post-entrenamiento; efectos de la estimulación durante el sueño sobre los patrones de sueño y sobre la memoria, y re-expresión de los patrones de comportamiento específico neuronal durante el sueño post-entrenamiento.
Algunos de estos estudios confirman la idea de que el sueño está profundamente implicado en las funciones de la memoria en humanos y animales. Sin embargo, los datos disponibles aún son demasiado escasos y, en ocasiones, contradictorios para confirmar o rechazar inequívocamente la hipótesis de que la consolidación de memorias no-declarativa y declarativa, respectivamente, dependan a dos de los procesos del sueño. Por otra parte, no se ha encontrado alguna correlación entre la cantidad de sueño que se registra en una especie y su capacidad intelectual; si el sueño sirviera para consolidar la memoria, un gato que duerme 16 horas diarias debería tener una memoria prodigiosa, superior a la de un ser humano que sólo duerme ocho horas. También, personas que no presentan alguna fase del sueño, por lesiones traumáticas en el rombencéfalo o debido al consumo de fármacos, no tendrían problema en consolidar sus aprendizajes.

En una visión más “esotérica” se dice que en el momento del sueño, el alma sale del cuerpo para ir a un mundo paralelo, uno donde se vive el sueño que se tiene. Este mundo, denominado astral, es regido por cinco dimensiones, dos más a las del mundo físico, que se desarrollan en las áreas: emocional, intelectual, motor de movimiento, instintivo y sexual. En ese mundo no existe la ley de gravedad, podemos volar y dirigirnos a donde queramos. Esa es la explicación de por qué en los sueños se puede todo.
Para esta visión de los sueños, la conciencia juega un papel importante pues ésta es el reflejo de las imágenes y vivencias que se experimentan en esos momentos.
Interpretación, lenguaje, deja vu e investigaciones científicas es lo que este estado de la condición humana ha despertado desde, quizá, el inicio de la vida. Y aunque no se sabe a ciencia cierta qué es lo que pasa en el momento justo del sueño, esta fase, además de despertar el interés, mantiene en constante cambio a la sociedad, pues los más grandes proyectos fueron el resultado de un episodio que se manifestó durante un sueño.
