Obras de arte que no entendiste pero presumiste en una selfie

viernes, 11 de agosto de 2017 17:53

|Diana Garrido


Resulta curiosa la manera en que hemos naturalizado al fenómeno selfie. En la calle, en el baño o en el bar, siempre hay alguien posando con su mejor gesto frente a la cámara frontal de su smartphone. Una, dos, tres… diez tomas para elegir sólo una que en cuestión de segundos estará colgada en las redes sociales acompañada de una frase inspiracional, el fragmento de una canción o el extracto de un poema. Todo ello sumado a una serie hashtags con palabras que quizá no tienen que ver con el contexto de la fotografía, pero la hace más notoria.


Una selfie no es más que la evolución del narcisismo. Gracias al avance rápido de la tecnología, es fácil tener un smartphone, por lo tanto, se nos facilita conectarnos a Internet y pasar la vida observándonos los unos a los otros. Una selfie es una forma de satisfacer la necesidad de mirarnos, de gustarnos y de hacer que los demás lo noten. Por ello, tomamos fotos de lo que comemos, del concierto al que fuimos y de nuestro lugar de trabajo; pero siempre con nuestro rostro al frente.



La científica Jennider Ouellete, de la Universidad de California, asegura que la aceptación que una selfie tiene en las redes sociales es directamente proporcional a la forma en que nos estamos vendiendo a la sociedad. Podemos crear una imagen y conservarla hasta que la aceptemos como identidad. Por ello no es casualidad que haya tantas de estas fotos en exposiciones y museos, eso nos hace parecer más intelectuales; somos seres cultos e interesantes... al menos eso dice la foto frente a los globos de Warhol o junto a los puntos de colores de Kusama. Pero ¿realmente lo somos? No, porque en realidad, la obra no es la protagonista y esto sucede cuando no la entendemos, pero queremos encajar. 


De este modo, hemos arruinado grandes obras artísticas con una selfie por el simple hecho de no haberlas entendido y por el narcisismo que lentamente hemos adquirido y desarrollado, siendo incapaces de dar un paso sin que la vanidad se apodere de nuestros cuerpos. Por ello, te presentamos algunas obras de arte con las que seguramente, presumiste una selfie, pero, ¿realmente las entendiste?



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"Timo" (2017)



Caminar por la Alameda Central dejó de ser una actividad común desde julio pasado. Moverse entre las bancas del parque y la entrada de Bellas Artes ya no es lo mismo debido a la visita de unos hombrecitos de piedra con semblante decaído y ojos sumidos que se encuentran en ella. Desde su aparición, las personas se les acercaron y se fotografíaron con ellos. Los niños lo abrazan y otros emulan la pose en la que se encuentra sentado.


Sin embargo, Timo no es una pieza de arte creada para ser abrazada y expresar un sonido onomatopéyico al verlo. De la imaginación de Rodrigo de la Sierra, Timo nació bajo la idea de ser un personaje amable, pacífico y que se muestra humilde ante la visón de los peatones, pero es una representación de cómo los seres humanos vivimos. Somos básicamente inmunes ante los problemas que nos atañen como mexicanos, por ello las esculturas se encuentran rodeando al Senado como una especie de reclamo hacia la pasividad y desidia de las personas. Pero al mismo tiempo, el “hombre de todos” porque todos podemos identificarnos con él, es una metáfora de cómo nos hemos vuelto insensibles ante todo lo que sucede en el país y en el mundo. Somos iguales que Timo, el cabizbajo hombrecito de piedra.



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Empatía (2016)



El transbordo de Bellas Artes se llenó de mensajes de gran tamaño en colores que todos hemos visto alguna vez, ya sea los lunes en los honores a la bandera, en el Zócalo capitalino o en las camisetas de la selección mexicana. El metro no se quiso quedar atrás y recibió la exposición en verde, blanco y rojo de Bárbara Kruger. 


En las mañanas, cuando el metro estaba al borde de su capacidad y los empujones se hacían presentes, todos podían leer con gran entusiasmo (y una que otra mochila en la cara) algunas frases como “¿Quién es dueño de qué?” o “¿De quién es la justicia?”, mismas con las que los transeúntes se identificaban. La artista aseguró que era un forma de preguntarse qué tan bien o mal nos mira la gente como seres individuales, una manera de reclamo hacia el gobierno y hacia nosotros como colectivo social. ¿En verdad nos comportamos de la manera en que recriminamos? 



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"Infinity Mirror Room" (1965)



Hace un tiempo, en las calles, en el transporte y en el trabajo, escuchábamos una frase muy constantemente: «¡Vamos a la expo de las luces y los puntitos!» y posteriormente, en las redes sociales aparecía una bonita selfie de la exposición de Yayoi Kusama. Con esa instalación, pudimos ver cientos de celulares pendientes de la expo, pero en realidad, nunca vimos alguien que expresara lo que sentía al entrar a aquellos cuartos, lo que pudo ver mientras la luz aparecía y se iba, o lo que Kusama le aportó a su vida.


Esta obra, que iba más allá de puntos y luces, es una manera de viajar dentro de los sentimientos de la artista nipona. Ella creó un espacio en el que se podía sentir viva o al menos intentaba convencerse de ello. Kusama buscaba que con su instalación, otras personas se encontraran, que al entrar y experimentar ese cambio de luces, la aparición de los puntos y el resto de la obra pudiéramos sentir un cambio interno o un sentimiento específico que nos hiciera tener empatía con ella y su desolada vida. En cambio, lo único que obtuvimos fueron fotografías y duckfaces con todo el sentimiento de Yayoi como fondo.



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"Silver Clouds" (1966)



Hay críticos que demeritan el arte de Andy Warhol, lo llaman intranscendente y digerido. Hay quien piensa que no hay manera de que el artista hiciera un trabajo realmente importante y lo único que presentaba eran objetos de uso diario y artículos que él disfrazaba de arte otorgándoles cierto valor discursivo. Por el contrario, existe otro sector que pone a Warhol como un innovador, alguien que ponía al objeto cualquiera en un nivel estético mucho más alto de lo que estaba.


Entre amabas opiniones, el artista se movía bajo su propia creencia, como lo hiciera con los globos metálicos que puso a flotar sobre la cabeza de los que asistían a su exposición, buscando que cada una de las piezas flotantes marcara una línea entre el espectador y la obra. Algo que en teoría generaría una interacción cercana entre ambos y se entendiera como unidad; sin uno, el otro simplemente no existe. Warhol siempre intentó evitar esa distancia ya que no entendía la distancia entre ambos. Estatuto que pocos entendieron cuando llenaron las redes con selfies tocando los globos o jugando con ellos sin entender realmente que representaban una metáfora de los sueños.



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"Balloon Dog" (1994)



No hay niño que no ame jugar con un globo, todos, en algún momento tuvimos la dicha de ser felices con un objeto tan pequeño y simple como un trozo de látex inflado con aire. Los payasos o los magos jugaban con ellos y hacían de ese pequeño objeto una espada, un perro o hasta una bicicleta. Todo aquel que haya visto el famoso perro inflado de Koons ha corrido hacia él a mirarse a través de su textura metálica y abrazarlo como si fuera aquel perro de látex de color.


Para sorpresa de muchos, esta obra no es precisamente una representación de la felicidad, sino de los seres humanos ya que, según él, nosotros también somos inflables puesto que inhalamos aire y lo exhalamos demostrando que tenemos vida. Es un gesto de enfrentamiento directo con la muerte. Así que tomarse una selfie con el enorme perro inflable es una manera de decir que estamos vivos, aunque para muchos sea una bonita escultura gigante. Aunado a ello, es una pieza que contrapone su interior vacío con la realidad. Mientras que dentro de cada ser humano hay nada, por fuera pareciéramos firmes y fuertes, felices y optimistas, cuando en realidad, somos seres huecos llenos de oxígeno, sangre y huesos.



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"Petite Maman" (1999)



La famosa araña que albergó Bellas Artes y que todos temían por hacer realidad sus más profundos miedos, fue una de las esculturas más fotografiadas y buscadas on line. Caminar por el Centro y toparla de frente era impresionante. Se mostraba majestuosa, firme, imponente y temible. Cualquiera que se postrara bajo su protección para llevarse a casa una de sus mejores selfies, era cuidada por ese monstruo de patas alargadas y cuerpo pequeño.


No obstante, más que ser una obra terrorífica, "Petite Maman" es un homenaje a la madre de Louise Bourgeois, la creadora, quien siempre la cuidó y procuró. Las arañas tienen la cualidad de ser protectoras con sus crías, matan aquello que aqueja a su descendencia, les dan cariño y protección tejiendo sus telas o metafóricamente, tejiendo el destino de sus bebés. Entonces, todas esas selfies con hashtags que indicaban temor, miedo y hasta repudio por el insecto, en realidad estaban bajo el manto protector de una madre.



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At the End of the World (1998)



La obra de Kapoor se hizo popular luego de llegar a México con piezas que derramaban un poco de sangre, la sequía se hacía presente cuando al mirarla no había una verdadera conexión entre las obras y uno mismo. Kapoor logró juntar una gran cantidad de personas que se formaron en las afueras de MUAC esperando un boleto par entrar y ver su obra que no era más que esculturas y cuadros de los cuales muchos, no fueron entendidos. Las personas, simplemente pasaron por alto que él ha credo otro tipo de formas, que a decir verdad, tampoco serían del todo entendidas.


Hubo quien le dijo “tocino” esa pieza colgante y quien pasó más de 5 minutos frente a uno de los espejos de deformaban al cuerpo. Entonces, algunos intentaron entender un poco, pero otros, se quejaron del espacio que las obras rojas estaban tomando. ¿Cuántas selfies de cabeza, alargados y sonrientes no aparecieron? La expo fue concebida como una intersección y sinergia artística que busca crear un aprendizaje de cómo la estética se convierte en uno de los puntos de partida para entender la belleza de la rareza y viceversa. De esta forma, cualquier selfie era una manera linda de aceptar los defectos.


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Así, con selfies por todos lados, sólo podemos asegurar que tenemos un culto por nosotros mismos tan arraigado que pocas veces conseguimos despegarnos de él y ver realmente las obras artísticas. En ocaciones ni siquiera tenemos es culto muy arraigado, es por no conocer el verdadero valor de lo artístico y en qué nivel estético podemos dejar de percibirlo de tal forma que se convierta en una pieza única que no demeritemos con una selfie.


Diana Garrido

Diana Garrido


Articulista

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