
Aragón vio nacer a Luis Buñuel, Fuendetodos a Francisco de Goya. Dos artistas españoles coexistiendo en diversos espacios, tiempos y disciplinas, pero al final los unió algo que, aunque a Buñuel le provocara un dolor de estómago y una rabia interna que sabía externar dosificadamente, se quedará para la eternidad.
Dicen los expertos en arte —y algunos fanáticos— que el cine del aragonés y las pinturas del oriundo de Fuentedetodos tienen en común la incesante necesidad de verse afrancesados por más que lo negaran. Pero, más allá de influenciarse por un país se dejaron llevar por la humanidad y sus defectos, los cuales no sólo habitaban en el país galo. Así pues, Buñuel retomó a Goya y a otros artistas para recrearlos en sus películas convirtiéndolas en una especie de continuación.
La maja desnuda (1797–1800)
Francisco de Goya
Buñuel creía que parte de los defectos de las personas era que rendían culto a un Dios inexistente y, por ende, lo retrató en una de sus películas más importantes, La hija del engaño (1951). Durante una escena en la que se habla de moral y la prohibición de Dios se ve en la parte trasera el cuadro de La maja desnuda. El escenario es una sala de juegos, lo que evoca a la diversión carnal y al mundo que todos anhelamos pertenecer, pero de alguna manera la moralidad es una restricción. Años después se ve reflejada de nueva cuenta en El fantasma de la libertad (1974), pero esta vez con una mujer recreándola con el mismo objetivo.
La maja desnuda
La hija del engaño
El fantasma de la libertad
Perro semihundido (1819–1823)
Duelo a garrotazos (1819)
Francisco de Goya
Pertenecer, justamente, es un verbo que al cineasta le recordaba que había que crear una comunidad propia o de lo contrario la que ya existía podía ser aburrida y sin aportación de ningún tipo. Así, por mucho que renegara, hizo alusión a Perro semihundido y Duelo a garrotazos, ambas de Goya, al final de la película que realizó junto a Dalí, Un chien Andalou (1929). Ahí vemos dos mujeres hundidas en la arena con armas a cuestas perteneciendo, quizá a la tierra o a la muerte. De hecho el propio Buñuel declaró que, en efecto, se inspiró en Goya para darle un buen final a la que, probablemente sea su pieza más importante.
Perro semihundido
Duelo a garrotazos
Un perro andaluz
Los Bufones (1636-1645)
Diego Velázquez
Pero está el otro lado de Buñuel, aquel que no sólo es una recreación de otra pieza de arte, sino que simplemente ponía destellos en sus películas. Por ejemplo, en Las Hurdes, tierra sin pan (1933) hay enanos que, hasta cierto punto llaman demasiado la atención, como en las pinturas de Velázquez y su documentación de enanos que vivían en el palacio durante el reinado de Felipe IV.
Don Sebastian de Morra
Francisco Lezcano “El niño de Vallecas”
Las Hurdes, tierra sin pan
La última cena (1495-1498)
Leonardo da Vinci
Por mucho que renegara del arte y su inclusión en las películas, llegó un punto en el que cayó en el “error” de usarlas como inspiración para sus encuadres descaradamente, sin importar quién estuviera a cargo de la cámara. Siempre había sintonía con el cinefotógrafo, pero había que remediar su contradicción (característica presente en su obra) y para ello, lo hizo evidente. Ése era su poder: hacer visible un error y volverlo parte de la película. Así, tenemos el cuadro de Da Vinci representado por los mendigos en Viridiana (1961), el cual es exactamente igual. Además, el hombre que representa a Cristo es, al parecer un homenaje a Salvador Dalí, puesto que la escena comienza desde el ojo, siendo un referente directo a la mancuerna que formaron en Un perro andaluz.
La última cena
Viridiana
El tío Paquete (1820)
Francisco de Goya
Buñuel seguía en negación y no quería poner más arte pictórico en sus piezas fílmicas, pero en Nazarín (1959) replicó otra más de Goya, aunque la llevó a otro nivel poniendo, en lugar de un hombre extraño, a Cristo. Uno contento, burlón y agresivo, uno que daba miedo, mas no fe. Quizá es de las imágenes más características del aragonés hasta la fecha ya que habla de su herejía, del surrealismo y de su amor por el arte… o por Goya.
El tío Paquete
Nazarín
Pastora con su rebaño (1891)
Cornelius Van Leemputten
En El ángel exterminador (1966) podemos ver ovejas caminando en fila. Hay críticos que afirman que es una burla a la espiritualidad de Dios, al cordero que quita el pecado del mundo y al final los muestra como seres que siguen a otro y a otro y a otro más. Justo como una secta o religión. Lo cierto es que es también es una referencia a cualquier pieza de Cornelius Van Leemputten, cuyas piezas enfatizan en borregos mostrándolos como personajes tranquilos, despreocupados y hermosos. Al final se siguen entre sí, así que es una relación lógica con la premisa buñuelista.
Pastora con su rebaño
El ángel exterminador
El viejo guitarrista ciego (1903–1904)
Pablo Picasso
El malagueño no fue precisamente un artista cercano a Luis Buñuel, pero su llamado “período azul” se ve claramente reflejado en Los Olvidados (1950). El viejo guitarrista ciego fue una obra realizada luego de que un amigo muy cercano a Picasso se suicidara. Representa la soledad, la tristeza, el cansancio… no es sorpresa que sea el mismo sentir de Don Carmelo, un vagabundo ciego que muestra el lado más triste y vulnerable de la película.
El viejo guitarrista ciego
Los Olvidados
Porcia hiriéndose el muslo (1664)
Elisabetta Sirani
Ella fue una artista cuyas piezas eran casi fotografías. Perteneciente al siglo XVII fue pieza fundamental de un movimiento de liberación femenina en conjunto con el erotismo, que usaban lo grotesco de manera sutil, quizá como arma y complemento. En el caso de Buñuel y sus piezas fílmicas vemos, igualmente, mujeres siendo sensuales y sexuales, como en Simón del desierto (1965) en donde el demonio posee piernas hermosas que usa para tentar al protagonista. Es cierto que la premisa del cineasta nunca fue usar a la mujer como muestra de la libertad y equidad, sino como un detonante de los pensamientos “impuros” de un hombre. También fue una forma de mostrar sus propio fetiches.
Porcia hiriéndose el muslo
Simón del desierto
No todo fue Goya, pero el cineasta surrealista se inspiró —quizá más directamente de lo que creía— en las piezas de su compatriota. Pero esa era una de sus características: la contradicción. Podía ser muy firme en una decisión o creencia, pero enseguida se volcaba a lo contrario, su esencia burlona y surreal se trataba de eso. Así que, aunque negara la influencia directa del arte de Picasso o de Sirani, lo implementó sin temor frente a los ojos de los espectadores que hoy, siguen viendo el cine buñuelista como referencia obligada.
