Talavera, piezas de arte que cuentan más de una historia

jueves, 2 de junio de 2016 11:57

|Museo Franz Mayer



 Por Diego Coto

 

La cerámica de talavera es una técnica que le ha dado vuelta al mundo, y ha estado presente desde hace siglos. Cambia un poco en las manos de cada artista, en cada taller, en cada país y época en donde se utiliza, pero es esencialmente la misma. En la exposición del Museo Franz Mayer: “Talavera Poblana. Pasado y Presente”, podemos ver el viaje, los cambios, los usos y las implicaciones del arte en cerámica; desde sus orígenes hasta la actualidad, pasando por impensables, y aparentemente inconexos, sucesos y relaciones, y también cómo todo alrededor de ella cambia, ya sea en los contextos de su producción, en los acabados y detalles; en lo que significa o en las formas que puede tomar.   

 

Siguiendo con la exposición, en una de las últimas paradas, se muestra la producción y el estado actual de la Talavera Poblana; después de haber visto todas las fases de su historia, los lugares y los siglos de los que proviene y su significado, podemos observar las esculturas de cerámica de un grupo de demonios. La forma es la misma: una repetición, pero es el toque de la pintura lo que termina por separarlos completamente. Convierte al grupo de esculturas de cerámica en objetos individuales: la característica que rompe el molde.

Estas esculturas sirven como reflejo de todo lo que está en la exhibición, son una especie de microcosmos: lo que sucede con estas figuras se repite en todas las piezas acomodadas en los estantes y colgadas en las paredes. La técnica y el material se han mantenido durante un milenio; una trayectoria que toma influencias de China, de Europa, de Bagdad, de Puebla antes y después de la Colonia. Esta cerámica, aunque vaya tomando prestadas características de tantos lugares y culturas, se va definiendo a sí misma. Es a la vez la suma de todas las partes y cada parte por separado. Un rasgo definitivo de ella es esa cualidad de cambiar tanto, como los objetos de la colección y su historia nos cuentan.

Esta cualidad camaleónica tal vez es más evidente en las piezas de Puebla (ya sea durante la Colonia o en la actualidad), pues los artesanos conjugan en la misma obra elementos orientales, europeos y elementos locales, además de la interpretación y apropiación de cada individuo. En mayor o menor medida, esta historia y combinación de temas y culturas, se encuentra en cada jarrón o mosaico; en cada uno de los cráneos de la parte contemporánea de la exhibición: ninguno de ellos es exactamente igual a otro; ni en el tamaños de las cuencas de los ojos, la apertura de las bocas, o el patrón de colores. Todos los cráneos son posibilidades.
Lo mismo pasa con los mosaicos, cada uno pintado a mano, con una representación distinta, con márgenes y contornos ligeramente diferentes, aunque todos son la parte final del mismo proceso. Es imposible encontrarnos dos veces con el mismo patrón floreado en los jarrones. Más o menos evidente, la variable está ahí, y también está la constante.  

 

Es extraño pensar que todo esto se pueda condensar en una escultura, un mosaico o un jarrón. Sólo hay que buscar un poco la conexión para darse cuenta de que cada pieza cuenta la historia de todas las otras en la exhibición. Cada una es una línea y al mismo tiempo es la imagen completa.
Los cinco demonios: con paletas de colores diferentes, con los mismos rasgos, con los patrones diferentes, con las mismas proporciones, con la misma historia, con procesos diferentes. Se explican a sí mismos y también cuentan la historia y trayectoria de las otras figuras, formas y combinaciones que se cruzan frente a nosotros.



La exhibición “Talavera Poblana. Pasado y Presente” del Museo Franz Mayer permite ver todas estas conexiones, coincidencias, variaciones y posibilidades que comparten un mismo origen. Nos muestra lo trascendente que puede llegar a ser un aspecto del arte y todo lo que puede acarrear.




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