La primera vez que la llamaron “gorda” fue en la primaria. La maestra de danza, una señora de nariz afilada y cabello negro, la exhibió delante de sus compañeras porque no alcanzaba a tocar las puntas de sus pies con las manos. “Te estorba la panza”, le reprochó y todo el salón comenzó a reír.
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Después de años, casi como una epifanía, ella se dio cuenta de que todas la mujeres que la rodeaban se sentían inconformes con su cuerpo. Casi todas eran severas consigo mismas cuando se trataba de referirse a su aspecto físico. ¿Por qué?, ¿qué de malo tenían sus cuerpos?, pensaba al escucharlas hablar más de sí mismas.


Las ilustraciones que presentamos a continuación son parte del trabajo de Frances Cannon. Esta artista parece comprender lo que implica la lastimera flagelación con la que una mujer se castiga y también, lo liberador que es comenzar a amarse.


El amor por uno mismo pude encontrar su cauce en la devoción hacia los demás, por ejemplo, cuando ayudamos a otra de nosotras a sentirse plena con su cuerpo. Compartir los temores y gozar la transformación de los miedos en libertad, es tan constructivo como aceptar nuestro reflejo en el espejo.


Somos seres completos; la idea de “la otra mitad” oxida nuestro estado emocional. Amarse a uno mismo es saberse suficiente y considerarse suficiente es necesario para amarse. Cuando esta certeza no se tiene, caemos en relaciones dañinas por miedo a estar solas. Este temor es infundado, al igual que el rechazo a la soledad; pues también puede disfrutarse y aprenderse de ella.


Las ilustraciones de Cannon no buscan ser “bonitas”, no sitúa a lo femenino en el lugar común de delicadeza y mansedumbre. Al contrario, la ilustradora muestra trazos de mujeres impúdicas y reales.
Al final del día, lo único que tenemos es lo que somos. Juzgarse, someterse, lastimarse, reclamarse e insultarse son hábitos que poco a poco van menguando el espíritu y creando llagas emocionales difíciles de sanar. No es imposible: una puede ser el veneno o el remedio para sí misma.


Elegir qué pensar sobre nosotras mismas no es una tarea sencilla. Todos los días y a todas horas caen sobre nosotras, como una avalancha, prejuicios que no son fáciles de librar. El hecho de emitir juicios sobre los cuerpos de otras personas, abona a ese sentimiento generalizado de inconformidad.
A veces las imágenes son más eficientes que un discurso entero. El trabajo de esta artista nos permite acceder a la dificultad que representa la aceptación de uno mismo y lo duro que puede resultar simplemente ser. Tal parece que el amor es la respuesta y, afortunadamente, a este amor puede accederse en cualquier momento y a cualquier hora, porque radica dentro de cada una.
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Todas las ilustraciones pertenecen a Frances Cannon.
