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Mujeres reales, asustadas, desnudas y encadenadas a sus propios prejuicios

Diseño Mujeres reales, asustadas, desnudas y encadenadas a sus propios prejuicios



Había un lugar en el que sólo existían mujeres reales, asustadas, desnudas y encadenadas a sus propios prejuicios. No había hombres ni objetos; su mundo no tenía carreteras, edificios, escuelas, libros o computadoras, nada parecido, sólo cielo, suelo y flores. Lo único que ellas poseían era su imaginación y por medio de ésta eran capaces de crear la representación exacta de sus miedos y angustias. Los colores pastel reinaban por encima de cualquier otro, sus anhelos, miedos, pesadillas y fantasías eran de dichos tonos. Aquel lugar era tan hermoso como extraño y nadie había escuchado hablar de él hasta hoy.

Layse Almada flores

Layse Almada a
Las mujeres vivían en una especie de comuna, a orillas de una laguna rosa; entre todas sumaban unas cien. Dormían al aire libre cobijadas por el clima templado que reinaba todo el año. Iban desnudas todo el tiempo y usaban el cabello muy largo. En las noches se reunían alrededor de una fogata brillante para contar relatos y llorar juntas.
Las historias surgían de las pesadillas que habían tenido durante el día; ellas dormían cuando el sol brillaba en el cielo y despertaban cuando la luna sustituía al astro rey.

Layse Almada hombros

Layse Almada planta

La líder de esta comuna se llamaba Layse Almada, una mujer joven de gran sabiduría e imponente belleza. Ella era quien coordinaba las sesiones espirituales alrededor del fuego –a las cuales llamaron “la destiladora de fantasías”–, una especie de purga que expulsaba de sus corazones todos los horrores que las aquejaban. Cada mujer se turnaba para contar a las demás su pesadilla, así el mal sueño salía de su boca y flotaba alrededor de su cuerpo. Cuando el relato culminaba, las pesadillas se desprendían de su dueña e iban a parar al fuego.

Layse Almada garganta

Layse Almada b
Estos sueños tormentosos tenían múltiples formas: gatos de dos cabezas, cuerpos decapitados flotando en el espacio, enredaderas gigantes que se perdían en el cielo estrellado, lenguas y bocas que se movían en éxtasis. Cuando estas alucinaciones diurnas salían de sus cuerpos, ellas elevaban un cántico doloroso a los dioses que adoraban. Después comenzaban a danzar una frente a la otra y, finalmente, el roce de su piel desnuda las llevaba a una orgía monumental a la que se unían, una vez más, todas sus pesadillas. En el momento en el que estas mujeres llegaban al éxtasis, sus rostros cambiaban de forma y su figura se derretía.

Layse Almada nina

Layse Almada c
Antes de que estos rituales comenzaran a llevarse a cabo, todas ellas habían estado enamoradas; antes de estar solas cada una había amado a un hombre con veneración. Las mujeres de aquel mundo de tonos pálidos habían tenido hijos, mascotas, casas, bienes y un gran motivo para ser felices. Sin embargo, la inteligencia de sus compañeros era tan deplorable y sus sentimientos tan someros, que al final decidieron exterminarlos para dominar como especie única. 

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La sangre que había corrido de las heridas de sus hombres, se convirtió en la pintura pastel de su mundo. Aún después de llorar la primera noche sin ellos, extrañaban el calor de sus cuerpos y sus brazos alrededor de su cintura, todas comprendieron que sus mayores miedos y peores prejuicios no venían de sus pesadillas, sino de lo que ellos les hicieron creer. Fue así que inventaron las sesiones a un lado de la fogata: “la destiladora de fantasías” fue el trozo de madera y la llama viva que las salvó de morir encadenadas.

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Las imágenes pertenecen a la artista brasileña Layse Almada, conoce más sobre su obra artística aquí.


 


Referencias: