Estamos llenos de marcas. Probablemente quisiéramos nombrar a éstas como huellas, porque nuestra exigencia estética actual no permite las connotaciones negativas de un estigma, pero olvidamos que es a partir de ellas como vestigios casi accidentales que forjamos visualmente lo que somos. La marca, incidente a veces congénita, la mayor de las veces episodio fortuito, es una señal de vida. De formación. De inicios y pasos que se adquieren con el transcurso del tiempo para generar una representación de lo que acontece al interior. Dichas marcas quizá se formalicen como cicatrices, golpes, fracturas o “defectos”, pero también se pueden hallar como recuerdos, corazones, risas y tatuajes.

En este horizonte, donde la marca puede venir de nacimiento, circunstancia, mal momento o decisión propia, podemos notar que ese acto llamado tatuaje –porque éste es siempre una experiencia y un statement, no sólo un diseño– es por seguro uno de los sellos más importantes jamás adquiridos en vida. Absolutamente todo nos deja una estampa durante estos días que nos transcurren; la infancia, el primer amor, la universidad, el exceso, la amistad, el dolor, la adolescencia y demás, son los elementos esenciales para generar rasgos imborrables en nuestra piel. Y materializarlos en figuras exactas, dotadas de significación y simbolismo, es todavía una mayor hazaña de aceptación y encuentro consigo mismo, con estos procesos.

No hablemos entonces del acto de permitir que otra persona se entere de ellos y que, con su mano dispuesta y amaestrada, sea el encargado de plasmarlo todo en imágenes predilectamente inalterables en el cuerpo. Esto se adelanta a toda inmanencia o entendimiento simple que se pueda tener. Atrás han quedado los días en que la tinta marcaba sólo a marineros o a gente de aventura que en una noche de extremos decidía hacer notable su vida ante el mundo entero. Hoy, también como una señal predilecta de nuestra generación y acto por fin lejano a los prejuicios, el tatuaje es un laudo más que viable para conectarnos con lo que somos.

En la febril juventud, capítulo exacto de disposiciones y arrebatos, de recuentos precisos, es que tatuarse adquiere un peso simpar. Un tono brutal y una actitud ancestral, casi bestial. Un carácter boreal, a veces húmedo, peligroso y natural. Entonces, ¿cómo se tornan visibles esos espíritus en la imagen que se pretende testimonial? ¿Cómo se solucionan las representaciones de una urgencia por contar, pero también por recibir experiencias con las que inaugurar el relato? Con el tatuaje feroz, el dibujo permanente de lo salvaje. Diseños que o te haces ahora cuando eres joven, o ya no los hiciste nunca.
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“De mis disparates de juventud lo que más pena me da no es el haberlos cometido, sino el no poder volver a cometerlos.” – Pierre Benoit


“La juventud no es un tiempo de la vida, es un estado del espíritu.” – Mateo Alemán


“Haría cualquier cosa por recuperar la juventud… excepto hacer ejercicio, madrugar, o ser un miembro útil de la comunidad.” – Oscar Wilde


“Si la juventud es un defecto, es un defecto del que nos curamos demasiado pronto.” – James Russell Lowell


“La juventud es feliz porque tiene la capacidad de ver la belleza. Cualquiera que conserve la capacidad de ver la belleza jamás envejece.” – Franz Kafka


“Cuando era más joven podía recordar todo, hubiera sucedido o no.” – Mark Twain


“No basta con ser joven. Es preciso estar borracho de juventud. Con todas sus consecuencias.” – Alejandro Casona


“La juventud sabe lo que no quiere antes de saber lo que quiere.” –Jean Cocteau


“La juventud es una religión a la que uno siempre acaba convirtiéndose.” – André Malraux


“Es mejor malograr la propia juventud que no hacer nada en ella.” – George Courteline
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Éstas son sólo algunas ideas para hacerse en un periodo específico de aprendizaje, en un tramo de paraje donde se arriesga o no se obtiene nada. Por sus formas, símbolos y colores resultan las ideales en tal etapa, pero si no son lo que se está buscando, consulta estas Tendencias de tatuaje que nunca pasarán de moda y algunos Tatuajes ideales para las personas que están superando un mal momento.
