La nueva temporada de Euphoria no es nada de lo que era antes y hay algo muy claro, Sam Levinson tiene prioridades bastante peculiares que han llegado a incomodar en extremo a las audiencias. No es un concepto que no entendamos, no es parte de la narrativa por completo ni hay manera de justificar lo que vemos en la serie.
Después de casi cuatro años de espera, Euphoria acaba de volver con una tercera temporada de ocho episodios. Desde su estreno, la recepción ha sido muy mala, la temporada debutó con una muy mala calificación en Rotten Tomatoes y varias reseñas coinciden en que la serie ya no se siente como antes. Y la molestia no se reduce solo a que ya no esté Labrinth en la música o a la ausencia de varios personajes importantes; lo que más ha incomodado es la manera en que la historia está tratando a sus mujeres.
Lo que Sam Levinson le está haciendo a sus personajes en Euphoria no es normal
Euphoria de Sam Levinson siempre ha sido una serie muy criticada por su uso del sexo, los desnudos y las escenas explícitas. Desde la primera temporada hubo quien señaló que Levinson mezclaba trauma, violencia, adicción y erotismo de una forma demasiado estilizada, a veces más pendiente del impacto visual que del desarrollo emocional de sus personajes. Pero lo que antes ya se veía excesivo, en esta tercera temporada se siente todavía más difícil de justificar.
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Y eso que apenas en el primer capítulo ya hay suficientes ejemplos para entender por qué tanta gente habló de una hipersexualización extrema desde el estreno. Cassie aparece atrapada en una narrativa de humillación sexual cada vez más explícita, con escenas ligadas a contenido adulto y fantasías fetichistas que muchos espectadores han calificado como degradantes.
La propia promoción y las reseñas tempranas del trabajo de Sam Levinson subrayan disfraces sexualizados, dinámicas de cosificación y una cámara que insiste en mirar a los personajes femeninos desde una lógica voyerista.

Varios medios no han hablado solo de “exceso”, sino de una verdadera insistencia. The Guardian describió esta nueva etapa como una serie obsesionada y repelida por el trabajo sexual; otras reseñas han dicho que la temporada convierte a varias protagonistas en objetos de humillación, fetichización o explotación.
Este ya bastante bizarro patrón puede leerse, al menos como ejercicio de análisis, desde dos conceptos psicológicos asociados al psicoanálisis de Freud. El primero es la compulsión a la repetición. Esta idea plantea que una persona puede volver una y otra vez a los mismos temas, imágenes o conflictos, no porque sean necesariamente los más útiles o los más profundos, sino porque hay algo en ellos que se repite de forma insistente.
Aplicado a la obra de Sam Levinson, esto ayudaría a explicar por qué vuelve tantas veces a la misma representación de lo femenino, con mujeres sexualizadas, expuestas, humilladas o convertidas en espectáculo, incluso cuando la historia podría avanzar por otros caminos.

El segundo concepto es la sublimación. Freud la entendía como el proceso por el que ciertos impulsos internos se transforman en algo socialmente aceptado, como el arte o la creación. Dicho de forma simple, es una fijación, una tensión o una pulsión puede terminar convertida en obra. Visto desde ahí, se podría argumentar que Sam Levinson canaliza ciertas obsesiones personales o narrativas a través de su manera de escribir y dirigir. El problema es que esa supuesta transformación artística no necesariamente vuelve más compleja la representación; a veces solo la hace más vistosa, más explícita y más incómoda.
El problema no solo es que haya sexo o escenas fuertes, sino que la sexualización parece haberse convertido en un recurso automático. En vez de ayudarnos a entender mejor a los personajes femeninos, muchas escenas terminan reduciéndolas a fantasías visuales, castigos o momentos diseñados para escandalizar.
Hablar de compulsión a la repetición o sublimación no significa afirmar qué pasa realmente en la mente de Sam Levinson, ni reducir toda su obra a una sola explicación. Son conceptos que ayudan a pensar por qué su cámara y sus guiones insisten tanto en lo mismo. Lo que haya detrás en realidad, eso no lo sabemos. Y quizá también hay cosas que no estamos viendo.
