
Grace Coddington tiene una enorme melena roja, esponjada y amplia. Ella posee un rostro único y —casi— siempre viste de negro. Llama la atención, tiene una imagen que atrapa y es imposible no mirarla cuando aparece en pantalla o en una revista. Atrapa la atención sin esfuerzo y se debe a esa imagen enigmática y única que nunca nadie ha tenido.
Pero a pesar de ello, es vista como una “señora de los gatos”. Para la mayoría posee un encanto extraño que se transforma en locura, en excentricidad innecesaria y en una complicada forma de vida porque aseguran algunos allegados que en un momento de su vida perdió toda la hermosura que la caracterizaba y que estaba muy lejos de lo que hoy es.


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Tal vez su físico es muy distinto en la actualidad, pero el estilo continúa en ella. De hecho, ella asegura que nació con él en 1941 en Gales. De pequeña solía ser muy normal, jugaba y se divertía hasta que, siendo muy niña, su padre murió obligando a su familia a mudarse a Londres y conseguir trabajos difíciles para mantener. Ella tenía un rostro incomparable y se matriculó en la escuela de modelos Cherry Marshall mientras trabajaba como camarera.
Rápidamente se convirtió en la musa de Vidal Sassoon, un estilista que la invito a viajar por el país para mostrar sus creaciones capilares y fue cuando su segunda gran tragedia la invadió. Un accidente automovilístico la obligó a permanecer hospitalizada por varios meses sometiéndose a cinco cirugías que la deprimieron. Pero su rostro, actitud y estilo volvieron a ser los mismos, más no su mente.


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Ésta pasó por una transición estricta que la volvió crítica y decidida, al grado de convertirse en una modelo preocupada por la industria, así que comenzó a trabajar en Vogue UK como editora. Ése era su verdadero camino.
En el transcurso, conoció a Anna Wintour, una mujer que la impactó ya que sus charlas giraban en torno a la eternidad, la maravilla de la moda y las subidas y bajadas de la industria así como de la nuevas propuestas para que dejara de ser vista como una simple banalidad. Por ello, cuando Wintour fue nombrada directora de Vogue UK, Coddington pasó a dirigir Calvin Klein, era 1987 y su relación era cada vez más cercana, tan es así que hicieron hasta lo imposible por estar juntas.


Ese equipo era ganador: Coddington en el team de Wintour. ¡Eran el dúo más amado e influyente de la industria! Tanto fue su impacto que en los noventa que ella era la mente artística y única detrás de las mejores exposiciones de moda en el mundo, haciendo el SoHo de Nueva York su casa. Fue entonces que promovieron su trabajo y además de aportarle el toque artístico a la moda y a las marcas se volvió la directora creativa de Vogue.
El mundo conocía su poder, pero en su vida personal, todo iba mal. Había vivido dos divorcios y se sentía sola, pero sabía que era el precio que debía pagar; sin embargo, su amistad infinita con Anna, Karl Lagerfld y otros diseñadores le valían la superación propia que poseía y evidenciaba. Ella era magia pura puesto que fue gracias a su mente que la moda comenzó a tener tintes artísticos evidentes y dejó de ser una actividad exclusiva de la élite.


De este modo, se hizo acompañar de gatos en su vida diaria y fueron parte de esa inspiración. Ya que escribió el libro The Catwalk Cats y fue protagonista de una fiesta realizada por Karl Lagerfeld. Misma que invocó el espíritu felino que tanto amaba y se identificó como un minino, hablamos de la actitud y la ferocidad del animal. Ella es eso, la conjunción de la elegancia de un gato y la sapiensa de una mujer intelectual que ha formado la industria y editorial hasta hoy.
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