Las personas que desde agosto ya cuentan los días para que inicie la Spooky Season, esas que convierten sus casa en una mansión de terror, ponen los mejores altares y todo el año planean sus disfraces.. esas personas son las más felices y normales que hay. Lo dice la Ciencia.
“En un mundo lleno de estrés y ansiedad, a la gente le gusta asociar cosas que los hacen felices, y las decoraciones evocan esos fuertes sentimientos de la infancia”, ha explicado Steve McKeown, psicoanalista, fundador de MindFixers y propietario de The McKeown Clinic.
De acuerdo con el investigador, “las decoraciones son simplemente un ancla o camino hacia esas emociones mágicas que nos conectan con nuestro pasado más feliz”.
Además, el Journal of Environmental Psychology publicó un estudio realizado por la Universidad de Utah y la Universidad de Temple, que encontró que las personas asocian los hogares decorados para los días festivos como una manera de “comunicar amistad y cohesión con los vecinos”.
Es básicamente el mismo principio que el de las personas que aman la decoración navideña. Sin embargo, hay algo particular en quienes prefieren Halloween y Día de Muertos.

Los fans de Halloween y Día de Muertos también aman el riesgo
Múltiples estudios han demostrado que, quienes aman Halloween y Día de Muertos están menos inhibidos y tienen más probabilidades de ponerse en situaciones potencialmente peligrosas.
Es decir, son personas más aventureras y arriesgadas.
Nuestra comprensión del miedo y la ansiedad proviene de varias fuentes. Algunas fisiológicas y otras psicologícas.
Tu gusto por el miedo podría deberse, en parte, a una parte del cerebro llamada amígdala, que envía señales de miedo al resto del cerebro y luego al cuerpo.
Los estudios en humanos que tienen daños a la amígdala han demostrado que son personas que describen sentirse menos temerosas.
Y seamos francas, el miedo puede ser divertido, como en una casa encantada o en una película de miedo: cognitivamente sabemos que estamos en una situación segura.
Los elementos de terror en Halloween también funcionan como cosquillas para la amígdala: nos ponemos en situaciones temidas, pero una vez que la ansiedad disminuye, se vuelve mucho menos problemática e incluso disfrutable. Por nos encantan las montañas rusas, por ejemplo.
