Gritar podría tener más ventajas de las que te puedas imaginar. Hay quiénes se desestresan caminando por la calle, tomando café o sacando todo el estrés en el gimnasio. Pero hay un grupo de personas que lo hacen de una forma mucho más divertida: gritando.
Lo más curioso de todo es que la cosa no se quedó en una persona o dos personas que empezaron a hacerlo, de hecho, se volvió algo tan enserio que en Chicago, ya hay una especie de secta que se reúne todos los días a hacerlo.
No es en peleas, ni en protestas, sino frente al lago Michigan, cada domingo al caer la tarde. Ahí, decenas de personas se reúnen para hacer lo que muchos necesitamos pero casi nunca nos atrevemos: gritar con todas las fuerzas, como si el viento pudiera llevarse lo que duele.
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Gritar es mejor de lo que hubieras pensado y este es el ritual que te cambiará la vida

Este ritual colectivo tiene nombre: Scream Club Chicago, también conocido como “el club del grito”. Y aunque suena como una rareza más de TikTok, tiene raíces más profundas de lo que imaginas, porque esto de gritarle al universo tiene historia, ciencia y una razón poderosa: liberar emociones que el cuerpo ya no puede sostener en silencio.
En un mundo donde llorar en público incomoda y el enojo femenino todavía se castiga, espacios como este se vuelven necesarios. Por eso no sorprende que esta práctica, inspirada en la “terapia primal” de los años 60, esté renaciendo con fuerza. Porque sí, aunque parezca una escena loca, gritar también es una forma de sanar.
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@okdiario_oficial 😱 Gritar hasta quedarse sin voz: el club secreto de Chicago que convierte los domingos en terapia colectiva 👀 No es una protesta. No es arte. Es Scream Club Chicago, un grupo de personas que se juntan todos los domingos por la noche en North Avenue Beach para hacer algo simple pero poderoso: gritar. Un desahogo colectivo frente al lago, donde vecinos de todas las edades liberan el estrés de la semana al unísono 📲 ¡Descubre en nuestras redes sociales el contenido más interesante! #ScreamClubChicago #Grito #NorthAvenueBeach #USA #EEUU #desahogo
La terapia primal o “terapia del grito” nació hace más de medio siglo gracias al Dr. Arthur Janov, quien creía que muchas de nuestras heridas emocionales nacen en la infancia y se quedan ahí, escondidas, hasta que explotan. ¿Su solución? Gritar. Pero no por impulso, sino desde un lugar profundo, como si al sacar la voz, sacáramos también el dolor.
Hoy en día, terapeutas y psicólogos reconocen que este tipo de “terapias” pueden ser muy útiles, especialmente para quienes tienden a reprimir emociones. Gritar, en estos contextos, no es un acto de desesperación, sino de conciencia. Un “alto” desde adentro, que nos conecta con eso que muchas veces intentamos ignorar: el enojo, la tristeza, la frustración, la angustia.

Eso sí, los expertos son claros: gritar no es magia, no resuelve todo ni reemplaza la terapia profesional. Es un primer paso, una especie de chispa. Y aunque el alivio es real (porque sí, gritar reduce el cortisol y relaja el cuerpo), su efecto es temporal si no lo acompañamos con introspección, apoyo terapéutico y autocuidado.
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