Hay cosas que damos por normales sin pensar mucho en ellas, una de esas es despertarte, sonarte la nariz y descubrir que, de la nada, tienes más moco del que creías posible. No estás resfriada, no tienes alergia, pero ahí está: ese sonido inconfundible de congestión mañanera y aunque puede parecer algo molesto o asqueroso, la verdad es que ese moco cumple una función más importante (y curiosa) de lo que parece.
Para empezar, hay que entender que el moco no es el villano, en realidad, es una mezcla de agua, proteínas, células muertas y otras sustancias que tu cuerpo produce para mantenerte con vida sin que te des cuenta. Las vías respiratorias, nariz, garganta y pulmones, lo generan constantemente para atrapar polvo, bacterias, virus y todo lo que no debería llegar a tus pulmones. Es como una barrera viscosa que filtra el aire que respiras y mantiene tu sistema respiratorio limpio.
Pero ¿por qué justo en la mañana parece que todo ese sistema se vuelve loco? La respuesta está en lo que pasa con tu cuerpo mientras duermes.
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La asquerosa pero necesaria razón por la que el moco se afloja más en las mañanas

Mientras estás dormido, tu ritmo respiratorio cambia: respiras más lento y, muchas veces, por la boca. Esto provoca que las mucosas se sequen un poco y que el moco se vuelva más espeso, además, al estar acostada, la gravedad ya no ayuda a que el moco baje o se drene como lo haría durante el día, así que se acumula en las vías respiratorias.
Cuando despiertas y comienzas a moverte, tu cuerpo “reactiva” el flujo normal de aire y humedad, lo que hace que el moco acumulado se afloje y salga más fácilmente, por eso justo en las mañanas sientes esa necesidad de sonarte la nariz o carraspear: es tu cuerpo limpiando lo que se quedó estancado mientras dormías.
Si vives en una ciudad con contaminación o duermes con el aire acondicionado encendido, es probable que despiertes con más congestión. El aire seco irrita las vías respiratorias y hace que tu cuerpo produzca más moco como mecanismo de defensa, lo mismo pasa con el polvo, el humo del cigarro o los ácaros del polvo en tu almohada o cobijas, sí, dormir entre esas partículas puede hacer que tu nariz trabaje horas extras mientras tú descansas.

También influye la posición en la que duermes, si duermes boca arriba o de lado, el moco puede acumularse en ciertas zonas del conducto nasal o la garganta y cuando cambias de posición o te levantas, ese moco “liberado” da la sensación de que se afloja todo de golpe.
Solo se trata de tu cuerpo haciendo limpieza profunda
El “moco mañanero” también tiene un lado positivo: es señal de que tu sistema respiratorio está funcionando. Durante la noche, las células ciliadas, esas pequeñas estructuras con forma de pelito dentro de tus vías respiratorias, se encargan de mover las partículas atrapadas en el moco hacia la garganta para expulsarlas o tragarlas (sí, eso pasa todo el tiempo, aunque no lo notes).

Así que, cuando despiertas con la nariz tapada o con un poco de flema, lo que tu cuerpo está haciendo es cerrar el ciclo de limpieza nocturna. Básicamente, estás desechando lo que no necesitas.
Pero ojo: no siempre es normal. Si el moco es demasiado espeso, verde o con mal olor, o si la congestión mañanera viene acompañada de dolor de cabeza o fiebre, entonces sí puede tratarse de una infección o de una alergia crónica, en esos casos, lo mejor es no ignorarlo y consultar a un médico.
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