Cuando pensamos en jóvenes expresándose en las calles por medio de una actividad, no podemos dejar de lado al skate. Lo que en su momento no fue más que chicos californianos emulando el surf, con tablas y llantas de la forma más sencilla y burda, ahora es una industria multimillonaria.
Si hablamos de grandes figuras del skate, en seguida pensarías en Rodney Mullen o Tony Hawn, claro, leyendas que revolucionaron todo. Seres de otro planeta, hábiles atletas, artistas. Pero, ¿qué hay de aquellos que representaban la verdadera rebeldía y enfado que se vivía en las calles del mundo? Nadie lo ha hecho como los “piss drunx”: un grupo de jóvenes que por azares del destino se unieron, hicieron grandes cosas por el deporte, en algunas ocasiones se destruyeron, pero influyeron en la vida de millones de jóvenes.

Te sorprendería la cantidad de influencia que tenía Jim Greco en 1999, cuando los grupos urbanos todavía tenían notoriedad relevante en las preparatorias de Estados Unidos, o en Latinoamérica, los jóvenes empezaban a adoptar el skate y el punk como una manera de vivir.
Entre todas las celebridades que surgieron en aquella época, un grupo de amigos se hizo de fama, fortuna y un estilo de vida totalmente decadente que fascinaba a jóvenes alrededor del mundo.

Antes de Youtube o las redes sociales, los “piss drunx” se daban a conocer por medio de la revista Trasher, Vice y, en su momento de mayor gloria por los vídeos, “Sorry”, la marca de patinetas Flip.

Con la premisa de que en el año 2000 el mundo del skate era underground, difícil de encontrar y a la vez incomprendida por muchos, Jim era la figura más aspiracional de todas; bien parecido, estilo único, patrocinado por las grandes marcas, fue el pionero de los “pissed drunx” e inspiró a una generación con actitudes autodestructivas. Similares a sus contemporáneos de Jackass, pero con un talento real para deslizarse en patineta y una genuina actitud de enojo ante la sociedad.
De todos los miembros del grupo, conformado por Greco, Aaron Pearcy, Erik Ellington, Andrew Reynolds y Dustin Dollin, el sueco Ali Boulala sobresalía de todos por su locura al momento de patinar. Si bien su estilo nunca fue el más refinado de todos, su valor y creatividad le daban una mezcla que erizaba los cabellos de cualquier patinador. Si a eso le sumamos el casi ridículo look, emulando a Sid Vicious de los Sex Pistols, tenías la fórmula perfecta para crear un ídolo.

Ali y su configuración particular, eventualmente se tornaría en un peligro para su vida y la de sus amigos. El abuso de las drogas y la continua actitud retadora ante la vida, llevó a que el 7 de marzo de 2007 tuviera un accidente de motocicleta con su compañero Shane Cross, quien desafortunadamente murió. Boulala fue sometido a un coma inducido debido a la gravedad de sus heridas. Fue sentenciado a 4 años de prisión por la muerte de su compañero. Ali salió de la cárcel el 12 de marzo de 2010 y se encuentra en rehabilitación. Debido al golpe, perdió habilidades motrices y, lamentablemente, no puede patinar.

Andrew Reynolds por su parte era una máquina de trucos e innovación como toda esa generación en la que no podemos dejar afuera al inglés Geoff Rowley. Los límites se ponían a prueba constantemente tanto en la patineta como fuera de ella.

Dustin Dollin alguna vez confesó que prefiere patinar cuando tiene resaca, porque se siente más creativo. El australiano con cara de niño hizo que millones de jóvenes se sorprendieran con sus salvajes caídas y actitud irreverente. Fue uno de los mayores prepulsores de los “piss drunx” en cuestiones de fama, ya que aprovechaba cualquier situación para pintar su símbolo en las baquetas o en su propia patineta.
HKD era otro de los graffitis más utilizados por aquellos emblemáticos patinadores. Su significado “Hate, Kill and Distroy”, “Odia, Mata y Destruye”.
Sin importar sus ideales, los “piss drunx” pusieron al límite las normas y se trazaron su propio estilo de vida. Fueron jóvenes de todo el mundo que se reunieron para exponer lo mejor y lo peor del ambiente del skate, lo vivieron al máximo y lograron que muchos lo viviera con ellos aunque fuera en DVD’s, revistas o cualquier formato que hoy podríamos considerar obsoleto.
La recurrente postura “anti-sistema”, pareciera ser olvidada ocasionalmente, dejándola de lado. Pareciera que los adultos evadimos la rebeldía y minimizamos el valor de su mensaje. Los piss drunx dejaron un legado.

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