Cuentos de Borges para entender que somos el reflejo de nuestros traidores
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Cuentos de Borges para entender que somos el reflejo de nuestros traidores

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Por: Arlett Cancino

21 de abril, 2017

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21 de abril, 2017


Los cuentos de Jorge Luis Borges proponen la verdad al otro lado del espejo, una versión más coherente del mundo y, por eso, marginada de los grandes discursos sociales que rigen al mundo. Esto es evidente en los relatos “Las tres versiones de Judas” y “Tema del traidor y del héroe”, ambos compilados en Ficciones, obra narrativa emblemática del escritor argentino (su poesía indaga en los mismos temas filosóficos, y que ofrecen la fantasía como el secreto de la humanidad.


Las Ficciones son las cosas fingidas pero tomadas como verdaderas: al traidor como héroe o al héroe como traidor. La única certeza en estos cuentos es que cualquier cosa es posible y que, sin la existencia de Dios y por la falta de confianza en la razón, la mente puede divagar y burlarse, e incluso, reordenar, reedificar la vida humana y, por tanto, el mundo. La ambigüedad de lo construido como certeza y la reelaboración metafórica de un mundo, allá, escondido entre la historia universal.


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En “Tres versiones de Judas”, Nils Runeberg reflexiona sobre la figura de Judas y en sus textos saca conclusiones que están fuera de la religión católica y sus preceptos. En la primera versión de su obra Kristus och Judas propone a un Judas metafísico, como una prolongación de Jesús. Si el verbo se rebajó a ser humano y con ello adquirir los pecados que desde su nacimiento posee, un hombre tenía que humillarse a ser el delator y con ello cargar con una reprobación equiparable al sacrificio del hijo de Dios. Ese hombre fue Judas. “El orden inferior es un espejo del orden superior; las formas de la tierra corresponden a las formas del cielo; las manchas de la piel son un mapa de las incorruptibles constelaciones; Judas refleja de algún modo a Jesús” (Borges, 2010, p. 165).


Con las reflexiones de este primer trabajo, Runeberg se mereció grandes críticas y por éstas reedita su texto presentando en la segunda edición al Judas asceta. El apóstol en busca de la perfección espiritual renuncia a cualquier recompensa en los cielos, por un castigo perpetuo en el infierno; castiga su alma para mediante la flagelación estar al nivel del sufrimiento de Jesús-Dios. “El asceta, para mayor gloria de Dios, envilece y mortifica la carne; Judas hizo lo propio con el espíritu. Renunció al honor, al bien, a la paz, al reino de los cielos, como otros, menos heroicamente, al placer” (Borges, pp. 165-166).


Sin embargo, en su Den hemlige Frälsarem continúa con las reflexiones de la primera edición de Kristus och Judas y llega a una conclusión inconcebible para la religión católica: Judas es en realidad el hijo de Dios. No fue Jesús el enviado de Dios sino Judas. Como plan perfecto, sólo concebido por el Todopoderoso, se requería de una degradación completa de su figura y Jesús, pese a todo, tuvo el reconocimiento como hombre milagroso, sin mancha ni pecado. “Dios totalmente se hizo hombre hasta la infamia, hombre hasta la reprobación y el abismo. Para salvarnos, pudo elegir cualquiera de los destinos que traman la perpleja red de la historia; pudo ser Alejandro o Pitágoras o Rurik o Jesús; eligió un ínfimo destino: fue Judas” (Borges, p. 167). Es así cómo el nombre de Dios fue revelado por Nils, el nombre de Dios es Judas. Desde entonces el escritor vagó pidiendo compartir con el redentor el infierno.


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El personaje de “Tema del traidor y del héroe” es Fergus Kilpatrick, un agente secreto irlandés asesinado en circunstancias extrañas justo antes de una rebelión victoriosa para su país. Ryan, quien hace una biografía de este personaje, decide investigar la muerte del héroe y develar los secretos que ésta encierra. Durante el proceso se da cuenta de que el acontecimiento tiene tintes literarios de dos tragedias de Shakespeare, Macbeth y Julio César. Asimismo comparte el lugar y la forma en que fue asesinado Lincoln. Al igual que el emperador romano, el agente irlandés recibe una carta justo antes de morir en la que se le advierte de su deceso, carta que nunca abrió; algunas palabras que un mendigo le dirigió a Fergus perfilan en la tragedia Macbeth; como Lincoln, Kilpatrick fue asesinado en un teatro.


Con estas referencias Ryan logró deducir que el asesinato fue una farsa. El héroe era al mismo tiempo el traidor. Según el biógrafo los hechos son los siguientes: Kilpatrick encomendó a James Nolan encontrar al espía que estaba dentro de la organización. Éste descubrió que el enemigo era su jefe inmediato, el mismo Fergus. Sin embargo, la condena de un héroe nacional tan famoso e importante para Irlanda significaría un posible boicot para la rebelión que se esperaba. Es así que Nolan decidió darle al pueblo un héroe inmortalizado mediante su “sacrificio” por la nación, con el uso de hechos literarios e históricos ideó cómo éste debía morir sin que el pueblo se diera cuenta de su traición. Así recreó un gran drama colectivo en el que la caída del héroe fue su castigo y recompensa.


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Aquí se postula la recreación histórica de la literatura y no la recreación literaria de la historia. Nolan usa ambas para sus propios fines, para el “bien de una nación”. Cabe preguntarse ¿quién es el traidor? ¿Kilpatrick al ser un doble espía o Nolan al servirse de las letras para engañar al pueblo y así fundar su libertad sobre la mentira?


En estos cuentos de Jorge Luis Borges se juega con el concepto de la verdad como se supone que debiera manejarla la historia. Tergiversa los conceptos del héroe y del traidor, traslapa estos roles para ofrecer una versión alterna e inquietante de nuestra cultura occidental, fundada en un cristianismo lleno de contradicciones y en un patriotismo ramplón y maniqueo. Es la verdad al otro lado del espejo, un reflejo interpretado con unos ojos más ávidos de conocimiento y de coherencia la que el escritor argentino devela entre líneas.

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Bibliografía

Borges, J. L. (2010). Ficciones, Ed. Planeta, España.


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En la poesía de Borges también se encuentran las claves de sus obsesiones, su universo temático y su pensamiento filosófico-literario. Sus frases para perderse en los espejos también lo confirman.


Referencias: