Así como el amor nos llena el pecho, también nos puede romper:
Qué mal hombre,
ese maldito nombre,
fuiste mi horror
fuiste mi inspiración,
dejé que este amor
fluyera en tu dirección.
Eres aquel que me hizo sufrir.
Ya no supe lo que era vivir.
Por tu culpa no pude seguir.
Me odiaste,
¿Me amaste?
De eso no tengo…
Respuesta, no tengo.

Entre lirios,
en los oscuros
marchitos,
sombríos,
tomaste
parte de mí.
Te marchaste,
sola me dejaste.
Entre lirios oscuros y marchitos.
Entre lirios macabros y sombríos
me destruiste,
te aprovechaste.
Entre la naturaleza
con esa simpleza
de mi arrebataste
y te largaste.
Eso de mí.
Eso de lo que fui.
Mal hombre,
ese nombre,
tú maldito olor
y ese horrendo calor.
¿Qué hice yo?
¿Qué hice yo?
Además de amarte.
Además de adorarte.

Entre sombras
macabras
estabas,
estaba.
Te fuiste.
Huiste
sin que yo hablara,
sin que yo lo permitiera.
Te llevaste,
te largaste.
Eso de mí.
Eso que fui…
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Sí, el amor nos rompe pero a veces la única solución contra las desgracias del mundo es querer.
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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Mauricio F. Corridan.
