
A finales de julio, el Congreso de la Ciudad de México tipificó como delito las terapias de conversión, las cuales tienen como objetivo “corregir” o “modificar” la orientación sexual o identidad de género de sus víctimas.
Históricamente, el colectivo LGTB+ se ha enfrentado a la persecución y el acoso producto de la homofobia. Hoy en día, en muchos rincones del mundo, ser gay es todavía ilegal y puede llegar a ser causa de pena de muerte.
A pesar de que en los últimos años ha habido algunos progresos en cuanto a la aceptación y el reconocimiento de los derechos humanos, el camino para las personas queer es todavía muy áspero teniendo muchas veces a la religión como raíz principal del problema.
La mayoría de las religiones incluyendo la católica han tomado algunas medidas prohibitivas contra las minorías sexuales, condenando su orientación sexual como anormal, pecaminoso y pervertido, excluyéndolas del campo espiritual.
En México, en donde más del 80% de la población rige su vida bajo las leyes del catolicismo, el trayecto hacia una sociedad inclusiva ha sido demasiado lento.
Sociedades donde la ignorancia y la desinformación sobre la orientación sexual y la identidad de género, han sido sociedades crueles y particularmente con ideas religiosas arraigadas en donde se piensa erróneamente que la homosexualidad se elige y por lo tanto el cambio sería posible.
Igualdad, amor al prójimo y respeto son algunas de las palabras reincidentes de los eclesiásticos en sus ceremonias. No obstante, la historia ha demostrado que no existe coherencia entre lo que predican con la realidad.
A las mujeres se les ha dicho que la menstruación y el post parto es impuro y que la cuarentena es el remedio para purificarse, que su lugar es en sus casas y que no tienen derecho a decidir sobre su propio cuerpo. La Iglesia ha estado en contra del aborto, de los anticonceptivos y no acepta el divorcio como alternativa para acabar una relación tóxica o de abuso. Además, es una institución claramente patriarcal en donde se les ha enseñado a las mujeres a jugar un papel secundario. No hay representación femenina dentro de la estructura organizacional, por lo que los cardenales, los obispos, los sacerdotes y el Papa han sido funciones ocupadas sólo por hombres.
Este patriarcado ha prescrito nuestro rol social y estructura familiar adecuado que ha beneficiado a los hombres por más de 2,000 años y lastimado al resto. Pero el mundo ha cambiado y es urgente que la Iglesia se ponga al corriente, sobre todo con asuntos de la diversidad sexual. Cada día de retraso significan muchas vidas de la comunidad LGTB+ discriminadas, violentadas y hasta perdidas.
Hace unos días tuve una plática con Anthony Venn Brown, un ex evagenlista autraliano y autor del libro A Life of Unlearning: A Preacher´s Struggle with His Homosexuality, Church and Faith.
En este best seller autobiográfico, Anthony narra su trayecto de más de 20 años probando diferentes métodos y alternativas para “dejar” de ser gay y “curarse”.
Anthony creció en una familia conservadora con fuertes creencias en la Iglesia Anglicana y en una década en donde la homosexualidad era considerada una enfermedad mental. (Hasta 1990 la Organización Mundial de la Salud descalificó este hecho.)
Consciente de su orientación sexual en la adolescencia y de las implicaciones que esto conllevaría, Anthony sufrió de depresión e intentó suicidarse. Más tarde se convirtió al cristianismo creyendo que así encontraría la paz que tanto necesitaba. Pasó varios años de su existencia rezándole a Dios para que eliminara su atracción por los hombres, pero todo fue en vano.
Después de una profunda vocación espiritual, a los 20 años decide asistir a la Faith Bible College en Nueva Zelanda. Tras confesarse homosexual con un consejero, éste le sugiere el exorcismo como método efectivo para liberarse del demonio que habitaba su cuerpo y que lo hacía tener deseos impuros.
Por un tiempo, Anthony creyó que las sesiones de exorcismo habían tenido resultados, pero al poco tiempo se dió cuenta de lo contrario por lo que decidió tomar otro tipo de medidas. En 1972 se interna seis meses en un programa cristiano ex-gay que pretendía “cambiar” su orientación sexual por medio de terapias de conversión. El método consistía básicamente en la humillación y tortura psicológica teniendo como resultado el auto rechazo, al punto de hacerle creer que no era digno del amor de Dios.
Tras estas experiencias traumáticas y dos décadas como un exitoso y reconocido predicador de Cristo, Anthony de 40 años, casado y con dos hijas, sale por fin del armario rendido e incapaz de seguir luchando contra él mismo. Esta decisión le trae terribles consecuencias ya que lo pierde todo: su trabajo como ministro, su esposa, su casa, sus hijas y hasta su fe en Dios.
Años más tarde y después de una profunda introspección sobre su propósito de vida, Anthony decide convertirse en un embajador de los derechos de las personas LGTB+, cambiando estereotipos y prejuicios, y promoviendo un diálogo amigable y respetuoso dentro de la comunidad cristiana. En 2013, fundó Ambassadors & Bridge Builders International bajo la premisa de adoctrinar a los pastores y líderes de la Iglesia acerca de la orientación sexual y del daño causado a la comunidad LGTB+ producto de la ignorancia y la desinformación. El enemigo no son los individuos, los líderes religiosos, las iglesias o las organizaciones de terapias de conversión, el enemigo es la ignorancia, dice Anthony.
En su largo camino de aceptación, Anthony menciona en su libro que tuvo que desaprender todas las ideas erróneas que estaban sembradas en su cabeza para descubrir la verdad. Y esto fue lo que descubrió:
• Yo no estaba enfermo ni en necesidad de curarme- tenía dentro de mi una integridad absoluta en la que necesitaba creer y vivir.
• Yo no estaba roto ni en necesidad de ser reparado.
• Yo no era una abominación para Dios. Yo era igual que otro cualquier ser humano que caminaba en el planeta con los mismos derechos y digno de ser respetado.
• No fue la homosexualidad la que me tenía atrapado sino la sociedad, mi propia ignorancia y la de los demás acerca de lo que es la orientación sexual.
• Aprendí que mi homosexualidad no era una maldición sino una bendición, un regalo único que es dado a aproximadamente al 4 o 6% de la población. Y que debo celebrar y aceptar lo excepcional que soy.
Hoy en día y a sus 69 años, Anthony está en paz consigo mismo y con su sistema de creencias. Trabaja incansablemente siendo el puente entre la Iglesia y las minorías sexuales para crear una conversación que lleve al entendimiento, la equidad y la aceptación sin condiciones.
El cambio verdadero será cuando la Iglesia no hable de nosotros sino con nosotros. Dice Anthony ¿Puedes imaginar un grupo de líderes hombres discutiendo el rol de las mujeres en la Iglesia sin estar ellas presentes? o discutiendo sobre asuntos de los indígenas sin ni siquiera consultar con ellos para entender realmente su experiencia de vida? A esto le llamaríamos misoginia y racismo. Es tiempo de que la Iglesia invite a miembros de la comunidad LGTB+ a conversar acerca de quiénes somos.
Recuerda que: ¡Tu eres suficiente, tú eres perfección y tú eres amor! ¡Vive tu verdad sin miedo y con orgullo! Si deseas más información sobre el trabajo de Anthony y su libro citado en este artículo, visita las siguientes referencias:
http://www.abbi.org.au http://www.alifeofunlearning.com
Twitter:
@gayambassador
Instagram:
@gayambassador
Si has sido víctima de alguna terapia de conversión, denuncia. Estas son algunas organizaciones dedicadas a la creación de un México más inclusivo y apoyo a miembros de la comunidad LGTB+
Cuenta Conmigo
https://cuentaconmigo.org.mx/
Fundación Arcoiris
http://www.fundacionarcoiris.org.mx/
CONAPRED http://www.conapred.org.mx/
Clínica especializada Condesa http://condesadf.mx/
El Armario Abierto https://elarmarioabierto.com.mx/
