Un cuadro de colores con el rostro de Marilyn Monroe era el referente de los sesenta y la cultura pop. En aquella década el artista de moda era su creador, Andy Warhol. No había persona que no diera cientos de dólares por una de las coloridas y llamativas figuras y pinturas, o que no quisiera ir a sus promiscuas fiestas al menos una vez en la vida. Sin embargo, no fue el único exponente del pop art. Detrás de él siempre se mantuvo Tom Wesselmann, quien solía plasmar en su obra a mujeres desnudas cargadas de erotismo y sexualidad.
Ambos eran artistas seguidos, idolatrados y tenían la suficiente fama como para convocar multitudes y difundir su mensaje entre ellos. Amaban armar exposiciones o instalaciones en las que su corriente era querida, admirada y por supuesto, replicada. No obstante, el estilo que ambos impulsaron no fue simplemente seguido y promovido por ellos. Detrás de ambos siempre estuvo una mujer que se empeñó en salir adelante y en darle su lugar al concepto “artista”, mismo que, según su punto de vista, Warhol y Wesselmann no enaltecían como debía ser.

Marta Minujín, la argentina que ha llevado el pop art a altos niveles, aún ahora, se jacta de ser una de las pioneras del movimiento. Poco a poco evolucionó su arte hasta convertirlo en esculturas vivientes y happenings artísticos e interactivos que van desde el pop art convencional hasta el arte conceptual. De muy pequeña se fue a vivir a Francia, por ello estaba tan inmersa en las vanguardias artísticas y rápidamente se interesó en la representación física del arte. Por esto mismo es pionera del performance, happening y video.
Frecuentemente fue criticada y censurada, pero nada la detuvo. Si algo le molestaba era ser comparada con Andy Warhol, pues la tachaban de una falsa imitadora. Minujín se propuso, entonces, demostrar que no estaba hecha con la misma tijera que el estadounidense. Ella era mucho más, así que, contrario a lo que hacía el ídolo, usó el pop art como una forma de protestar. De tal modo, tomando toda la influencia pop y las discusiones que el ensayista argentino Oscar Masotta sostenía en Buenos Aires, aprendió sobre semiótica y teorías psicoanalíticas que aplicaría posteriormente en sus creaciones.

De este modo, aprendió todo lo que necesitaba para decirse “artista” y sobre todo para demostrarlo, pero algo le incomodaba un poco: los materiales. Recurrir a los mismos productos que Warhol se había convertido en un ciclo que todos repetían, así que para variar el concepto se mostró rebelde, justo como era con la corriente artística que estaba por revolucionar. Se propuso tomar tela, cartón, libros, comida y cualquier cosa que estuviera a su alcance para crear algunas piezas dignas de presentarse, así surgieron “El Partenón de los libros perdidos”, “La Torre de Babel” o “Rayuelarte”.



Sus obras comenzaron a darle fama y éxito mundial; tan es así que se mudó a la meca del arte, Nueva York, a finales de los 60. En aquel lugar se encontró nada más y nada menos que a Andy Warhol. Ella supuso lo peor al verlo ahí, postrado con su esquelético cuerpo y su cabellera blanca mirándola llegar a su fábrica. Imaginó que una tormenta de odio se haría presente entre ambos. No obstante, el artista al verla, se emocionó tanto que le hizo saber la admiración que sentía por ella y más que una rivalidad comenzó una gran amistad.
Era imposible que Warhol no sintiera admiración por la mujer que se convirtió en una figura de suma importancia para el movimiento pop, pero también por ser una incansable luchadora social. Los primeros derechos que ella defendió fueron los suyos a través de decenas de obras, destacando “La Menesunda”, que demuestra su preocupación social con tres matices diferentes el humor, la crítica y la exaltación. En ella, el espectador debía recorrer 16 zonas que mostraban distintas situaciones sin saber con certeza de qué se trataban. A través de una cortina con el cuerpo de un hombre recortado en ella, un túnel color neón los dirigía a los diferentes lugares hasta hallar la salida que les decía “adiós” con un olor a frituras. Todo era una crítica a la sociedad y sus prioridades, entre las que, desde luego, ella no figuraba.

Con dicha obra e instalada en Nueva York, Warhol no dudó en acercarse a ella. A pesar de que el artista usaba a Hollywood y se ponía a sus pies, también tenía cierto sentido de crítica, mismo que poseía Munjín. Así que en 1985 se unieron para realizar una obra que los postularía como un par de artistas irreverentes y llenos de crítica social. La obra que realizaron fue una sesión de fotos en las que Munjín le pagaba la deuda externa argentina a Warhol con un maíz; el oro latinoamericano.


«Después regalamos los choclos (maíz) firmados a la gente. Esa fue la última vez que lo vi. Murió dos años después», asegura la artista, quien logró tenerle cariño y respeto por su trabajo. Desafortunadamente, luego de no volver a verlo, ella quedó muy afectada y sintió que debía rendirle culto, por lo que en su vida diaria y en sus exposiciones lo recuerda ya sea con palabras o incluyéndole en sus obras. Gracias a él y la unión que tuvieron, ella fue mejor reconocida. Desafortunadamente, sólo eso influyó para que la crítica y los amantes del arte voltearan a verla.
Así, expuso en la Bianchini Gallery en Nueva York, en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, Tokio y decenas de lugares diferentes en los que se le han abierto las puertas de par en par, pero no lo suficiente para ser recordada como una de las máximas exponentes del pop art. Minujín sigue luchando y creando obras para ser reconocida como la gran artista que es y como una de las representantes más importantes de la generación de los baby boomers.

«Cuando me hice pop empecé a gozar de vivir en el arte. Es un espacio que yo me inventé, en el cual soy feliz». Esta mujer se ha propuesto ser feliz y tratar de cambiar el mundo dedicándole obras irreverentes, obstinadas y cargadas de talento a todo aquél que crea en el poder del arte.
**
Conoce más acerca del pop art y su importancia a través de este video en el que podemos ver claramente la importancia del legado de esta corriente artística.
