Te ha pasado: te tomas una foto con tu cámara frontal y, quizá después de un par de clicks, consigues una donde te ves sensacional. Minutos más tarde, en alguna reunión, alguien más te toma una instantánea en grupo y percibes que no luces tan bien o francamente, no te gusta.
Un estudio realizado por la Universidad de Toronto demostró que esto es un fenómeno común. A 200 alumnos les pidieron tomarse una selfie y luego compararla con otra foto tomada por alguno de sus compañeros, la mayoría encontró diferencias significativas. Los mejores ángulos los habían conseguido con las imágenes sacadas por ellos mismos.
¿Cuál es la diferencia entre una y otra?, ¿por qué nosotros mismos nos percibimos tan diferentes ante la mirada ajena? Los retratos que te presentaremos a continuación, podrían responder a ello. Muy, muy lejos de ser retratos para “verse bien” están llenos de una fuerte carga emocional que te harán quedarte algunos minutos contemplándolas. Humberto Rivas, el autor de ellas, tiene la capacidad de atravesar mucho más allá de la piel y revelarnos el alma de los sujetos retratados.

En cierta medida, las personas fotografiadas han dejado de pertenecerse a sí mismas y se convierten en posesión del espectador. Quizá, contra su voluntad, sus gestos y su mirada delatan su espíritu; lo expulsan hasta llegar a nosotros. Su identidad se trastoca.
No hay poses. Nada en ellos está sobre actuado. Se encuentran ahí, ante un objeto inanimado cuyo diafragma succiona sus formas por procesos lumínicos, una máquina que una vez captura la imagen hace de esta estática para siempre.
Si no corres muy de prisa la pantalla y tomas tu tiempo para observarlas, te darás cuenta que no son retratos comunes. Más allá de la técnica -que la hay- existe un factor que sobrepasa cualquier categorización estética: una cercaría con las personas retratadas nos obligan a continuar la mirada.
Este factor lo han visto otros. En entrevista -citada desde su página oficial- Rivas conversa con David Balsells, quien lo cuestiona:
«Dices que el momento de hacer un retrato es una situación de guerra entre el fotógrafo y la persona retratada…»
A lo que el fotógrafo respondió:
«Sí, cuando les explico a los estudiantes la forma de realizar un retrato, les comento que entre el retratado y el fotógrafo hay una guerra. Y esa guerra, para que la foto sea buena, tiene que ganarla el fotógrafo y no el retratado, porque es evidente que el retratado asume un rol, una pose de cómo le gustaría aparecer. De alguna manera, se autorepresenta, se pone gracioso, sonríe… pero eso no tiene nada que ver con su personalidad interior, que es lo que buscamos nosotros cuando hacemos un retrato».
Rivas “desnuda” a sus retratados. Los desarma, aniquila sus barreras y una vez vencidos, su individualidad ha quedado desmantelada. Así, francos y verdaderos, llegan hasta nuestra pupila.
Como curiosa anécdota —en la misma entrevista— narró: «Una vez me pasó algo en la galería Forvm de Tarragona. Era una exposición de retratos y entró una señora mayor con un carrito de compras y se puso a mirar todas las fotos con detenimiento, dando la vuelta a toda la exposición; de pronto, miró hacia nosotros y nos preguntó: “¿quién es el que ha fotografiado a todos estos locos? Seguro que es más loco que ellos”. A mí me pareció fantástico. Cuando uno no se siente obligado a hacer cosas, forzosamente se acaba mostrando».
«Frente a un paisaje o un retrato o lo que sea yo no quiero ni puedo ser objetivo”» puntualizaba Rivas, quien es es argentino de nacimiento pero la mayoría de su obra la hizo en España. Su obra es tan prolija como profunda, conócela aquí.
La imperiosa necesidad de mostrarnos nos convierte, inevitablemente, en una especie de aparador en el que colocamos sólo aquello que queremos mostrar; el mejor ángulo, la mejor sonrisa, una mirada “intrigante” etcétera… Pero ¿seriamos capaces de mirarnos a nosotros mismos de manera frontal y franca -sin muecas, ni filtros y desde otro lente? Las cantidades exorbitantes de selfies subidas a diario a Internet nos hablan de una necesitad de autoregistro; sin embargo, muy extrañamente, encontraríamos en ellas la radical franqueza que encontramos en estas. Nuestra individualidad sigue intacta, reservamos sólo para nosotros nuestro verdadero ser.
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Si te quedaste con ganas de más fotografías, conoce esta serie fotográfica para apreciar la belleza de la sexualidad masculina y descubre cuáles son las las fotografías más censuradas en la historia por mostrar la cruda realidad humana.
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Referencias
Humberto Rivas
El País
El confidencial
Humberto Rivas
