El juguete sexual victoriano que liberó el orgasmo femenino

Sábado, 29 de abril de 2017 5:49

|Alejandro López


La férrea moral victoriana marcó los estándares de la sexualidad y encerró en lo más recóndito de la conciencia la sexualidad humana, tachándola de impúdica, indeseable y desgraciada. Tener sexo de pie o con las rodillas levantadas era un acto indeseable –por decir lo menos– pues según las reglas de entonces, ninguna mujer lo encontraba placentero. Entre sus consecuencias más graves, algunas posiciones de esta naturaleza podían causar la muerte.

No sólo eso. La mejor advertencia para evitar mantener relaciones sexuales en estado de ebriedad no tenía que ver con los inminentes riesgos de un embarazo no deseado o una enfermedad de transmisión sexual, sino con algo mucho peor: si el encuentro tenía como resultado la fecundación y ambos padres estaban totalmente ebrios, el producto corría un riesgo inminente de presentar "idiotez e innumerables enfermedades nerviosas" inmediatamente después de nacer. 

juguete sexual victoriano

Este y otros mitos formaron parte del discurso victoriano sobre la práctica sexual, sus buenas costumbres y las fatales consecuencias de no practicarlas. Bajo este ambiente de represión sobre el control del cuerpo y los placeres crecieron distintas generaciones con un sentido completamente ajeno del sexo, algo que resulta desconcertante en el presente.

Al mismo tiempo que el sexo se encerraba tras cuatro paredes y se escondía pudoroso entre las sábanas de un matrimonio ingenuo, un "trastorno psiquiátrico" de reciente descubrimiento amenazaba con arrasar la calma de una sociedad que desde sus adentros, creía marchar decididamente hacia el progreso acorde con los principios observados con anterioridad.

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Se trataba de la "histeria femenina", una enfermedad que según los especialistas de la época, era la culpable de un sinfín de síntomas observados en mujeres con esta condición, como irritabilidad, mal humor, insomnio e incluso una visible "tendencia a causar caos".

Las especulaciones sobre el nuevo trastorno crecían conforme los diagnósticos coincidían en señalarlo como el padecimiento de moda. Las explicaciones más difundidas sobre la naturaleza de la "histeria femenina" sugerían que se originaba a raíz del ajetreo de la vida moderna y afectaba únicamente a las mujeres, concebidas mucho más débiles e influenciables que su contraparte masculina.

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El tema atravesó a una sociedad rígida y obsesionada con las buenas costumbres. Ante el poderoso binomio entre normalidad y anormalidad que regía cada acción, los médicos comenzaron a buscar tratamientos para "curar" a las mujeres que sufrían de histeria. La ortopedia sobre la insatisfacción sexual se puso en marcha y disfrazada de terapia, se instauró como un modelo correctivo destinado a curar el mal desde el consultorio.

El procedimiento era sencillo y se practicaba con toda profesionalidad en una sociedad incapaz de siquiera pensar que el sexo funcionaba para otro fin que no fuera el reproductivo, especialmente en mujeres. Las pacientes acudían al médico, quien las recostaba en un sitio cómodo con las piernas abiertas y tocaba debajo de su vestido. Una vez que identificaba el clítoris, comenzaba a masajearlo con ahínco, hasta que las mujeres estallaban en placer dando paso a la cura: el "paroxismo histérico", nombre con el que se conoció al orgasmo femenino. 

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Las terapias ganaron en popularidad y pronto miles de mujeres acudían a su doctor de confianza para luchar contra la "histeria femenina" y sus efectos. Al mismo tiempo, otras terapias alternativas tomaron forma como la hidroterapia para estimular directamente el clítoris. No obstante, ninguna se consolidó con éxito similar al de un aparato destinado a proporcionar masajes, de superficie suave y con vibración suficiente para "relajar" lo necesario a cualquier paciente histérica, el vibrador.

A principios del siglo XX, la tendencia siguió su curso y el desarrollo de la industria consiguió crear un primer vibrador para uso doméstico, sin la necesidad de pasar por el consultorio. El instrumento era ofrecido como una "terapia en casa" capaz de lidiar con la afección y las imágenes eran acompañadas con mujeres utilizándolo como masajeador en el cuello, las extremidades o la espalda, haciendo de su uso primordial un secreto a voces.

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En realidad, la férrea moral victoriana creó este padecimiento como reflejo de la represión sexual a la que la sociedad de entonces fue sometida. El sexo se convirtió en tema tabú, negándose biológica, histórica y funcionalmente, hasta que la inocua "terapia" logró el primer paso de la liberación femenina a través de las distintas técnicas de estimulación del clítoris. El término "histeria femenina" quedó en desuso conforme las ciencias médicas avanzaron a principios del siglo XX y las mujeres encontraron distintos grados de libertad sexual y control sobre su cuerpo.

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Conoce los mitos que se escondían en el fondo del "Manual de sexualidad del siglo XIX" en Reino Unido. Descubre la historia de "7 símbolos de la sexualidad femenina a través de la historia.


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Referencias

Daily Mail
The Guardian


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Editor de Historia y Ciencia
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