Adulto

Nunca están satisfechos los cuerpos que se apetecen

Adulto Nunca están satisfechos los cuerpos que se apetecen



La única manera de liberar el deseo es a través de las pieles ansiosas:



El cuerpo habita lo que le place. Yo cohabito tu cuerpo con el sudor perdido, con las sombras agotadas y me ando en sigilo bajo las sábanas; traviesa en la cama blanda y provoco el milagro de encender tu piel, mis dedos curiosos se escurren por tu pierna, circulando signos, transcribiendo designios infinitos.

La noche es más noche, un susurro de blues suena en la distancia, tus ojos se incendian, me advierten. Te sonrío, mis labios vibran.


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El espejo de ayer nos aguarda, la luz amarillenta de la luna se filtra, y dibuja mi silueta desnuda que te sorprende. En el jadeo del viento nos entregamos al beso, es tu cuerpo y mi cuerpo con la rabia del universo estampada en la piel, con el deseo de milenios que cuelgan en la oscuridad.

Suspiros de infierno en los bordes de nuestras formas, se aviva la marea, llueve dentro, otra vez. Jamás hay calma, nunca están satisfechos los espíritus que se apetecen. Jamás cesan de tragarse.  

El alacrán del goce se aviva, el torrente que comienza nos abraza, nos cobija, nos baña con su rocío. La noche, el escenario, nosotros como instrumentos. El éxtasis en los ojos y el sabor en los labios.


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Espejismos siendo uno, agitados retratos que se penetran, se poseen, la corriente crece, mis piernas tiemblan. Atónitos, mudos en un gemido unidos. El cristal se quiebra, crujen nuestras voces chocándonos sin parar, sin descanso.

Alcanzando la cima, conquistando el orgasmo mutuo, mezclados. Es ahora y nos tenemos, la alcoba de ayer, las almas de siempre. El amor que se multiplica, seres que convergen. Los relámpagos suenan, la música se distingue aún lejos, reposo sobre tu pecho, ¿dónde termina este sueño? Es perpetuo hoy, ayer, mañana, siempre, cada vez.

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Hacer el amor con nuestra pareja es de los momentos más íntimos y excitantes que se pueden vivir en una relación, pues la esencia del universo está en quedarnos en la piel del otro...

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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Drew Wilson.




Referencias: