Con trabajos que irrumpen en la poesía, fotografía y pintura, Pablo Maire posee uno de los argumentos artísticos más impactantes hoy. Su fuerza, reconocida por la curadora y artista peruana María Elena Alvarado Boggio, quien fue Gerente de Cultura de la ciudad de Lima y creó el reconocido Colectivo Desenfranquiciados, ha elaborado el siguiente texto, en el que describe a detalle la obra de Maire:

Después del once de septiembre es sabido que el mundo del arte se sacudió. ¿Cómo podían los artistas plasmar el apocalipsis si éste estaba siendo ya trasmitido por la televisión mundial? La crisis del arte abyecto se hizo evidente, la realidad superó a la ficción. Los artistas empezaron a mirar más hacia adentro, hacia sus propios demonios y la autobiografía y la autorepresentación, comenzaron a hacerse la alternativa ante una realidad desbordante. Pablo Maire es de los pocos artistas sudamericanos que ha logrado algo que parecía imposible después del 2001: tender un puente entre sus demonios internos y los viejos y anquilosados de la conquista inquisidora española, logrando hacer un paralelo entre lo que consideramos abyecto, desde el punto de vista occidental, y aquello que cada latinoamericano lleva tatuado en la sangre más allá del trauma de la conquista, aquello que no podemos nombrar y que sólo Maire logra materializar con su obra: la marginalidad como una vivencia concreta de lo abyecto.

La marginalidad de Maire se manifiesta más allá de lo evidente para quien no lo conoce. El artista, alejado de los circuitos de arte establecidos y normados por el gusto mercantilista, vivió durante años en una especie de retiro introspectivo en la costa limeña del Perú (Los Cedros de Villa en Chorrillos), recolectando huesos en las orillas del mar, retazos de madera y basura con la que llenó un cuarto entero de su departamento. Maire, como poeta que es, supo ecualizar cada desperdicio, literal y literariamente, logrando una narrativa material y escrita que llamó rápidamente la atención de la crítica más aguda del Perú. Las maneras de Maire para retratarse a sí mismo como el ciudadano marginal que es tan honestas que no hay posibilidad alguna de escapar al filo cortante de su discurso cuando uno está frente a su obra.
El artista logra con una fineza y agudeza extraordinaria conseguir que el espectador se incomode frente a las asociaciones denotadas y connotadas en sus piezas. Cuerpos desnudos mostrando penes erectos con cabezas ambivalentes coronadas por lobos marinos, fetos, cruces, banderas y soldados danzando todos en una orgía perpetua, no son más que la descripción de una Latinoamérica golpeada por la conquista, la extirpación de idolatrías, el genocidio, las dictaduras, la homofobia, la corrupción, entre otros.
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Así, la insistencia en el autorretrato del artista obedece a la búsqueda incansable por destapar lo pacato y avergonzado de su propia existencia, es justamente en este punto, que su trabajo se vuelve abyecto, más allá de lo que consideramos cliché en el arte abyecto contemporáneo. Maire no apunta con el dedo al agresor, él es la agresión misma contra sí mismo. Haciendo un paralelo podría decirse que el trabajo de Maire es más cercano al de Bob Flanagan que al de Paul McCarthy. Y es justamente en esta especie de autopugnición, de juicio constante a sí mismo, incluso en su condición de artista, que Maire logra recoger fácilmente en su capa todas las vergüenzas de una Latinoamérica conquistada y vejada hasta hoy.
La apuesta por el autoanálisis antes de juzgar, hace de la obra de Maire la punta del iceberg para analizar su trabajo. Después de todo, se puede entender el dolor mientras uno lo haya vivido y se puede sobrevivir a él si lo administramos.

Y es en esta dualidad que nos balancea Maire, entre el erotismo y la pulsión de muerte, aquello que nos define como mortales. Porque aquello que nos mantiene vivos es el deseo constante del clímax, algo que Maire explora insistentemente, siempre de la mano de su revés tanático, logrando mantener nuestra atención en los dos extremos sincrónicamente, como si fuéramos testigos de una exquisita y terrible orgía perpetua. Algo que sólo el arte nos permite hacer y que Maire explota en todas sus manifestaciones (fotografía, pintura y escultura), un mundo particular de mirar, ser y hacer; un espacio para materializar un mundo particular, ese que nos construye y nos destruye a la vez.
Podrá ver obra de Maire expuesta en Aguafuerte Galería en Ciudad de México en la primera exposición temporal que abrirá el 7 de noviembre de 2015, con motivo de su décimo aniversario. Ademas habrá una segunda exposición temporal y varias ventas de arte en el transcurso del mes.

