El término pornografía proviene del griego πόρνη (pórnē, prostituta) y γράφειν (gráphein, grabar, escribir, ilustrar) y el sufijo –ία (-ía, estado de, propiedad de, lugar de), sin embargo, el término es reciente ya que en la antigua Grecia nunca fue usada dicha palabra. El uso más antiguo que se conoce es en francés (1800). A pesar de la antigüedad del término, y tomándolo literalmente, la pornografía es tan vieja como la historia del hombre, ya que en tiempos prehistóricos ya se dibujaban y creaban personajes con caracteres sexuales, como las Venus paleolíticas, aunque en esa época la intención era plenamente ideológica. En la India hay templos hinduistas construidos hace más de 2 mil 500 años con decorados en relieve o esculturas que muestran parejas en plena relación sexual. En China se han descubierto dibujos y grabados de la época de la dinastía Chin, al igual que en los templos indios, con representaciones de actos sexuales.
Hablando de pornografía, la accesibilidad del Internet nos acerca cada vez más a aquellas limitantes que en otra época se marcaban en la sociedad, por lo que el impacto de su obscenidad, atravesando las líneas de “prudencia”, se perciben menos “ofensivas”, pues bastan unos clicks para encontrar fotografías, vídeos, lecturas y cosas inimaginables que revelan con desinhibición todo lo sexual.

Lo que hoy pareciera algo realmente común no siempre lo fue, pues para que las personas pudieran tener la libertad de explorar la pornografía tuvieron que pasar muchos años. Lo que es cierto es que estos materiales que buscan provocar la excitación, han existido desde siempre. Sin embargo, existió una época en la que estas manifestaciones estaban prohibidas, la pornografía era clandestina y, por supuesto, no bien conocida por cualquier amante de lo sexual. Luego de algunos años las películas porno mudas y en blanco y negro y las primeras fotografías tomadas después de que se inventara el daguerrotipo, han tomado un papel estético, que en su momento no fue reconocido.

La libertad de conocer, apreciar e incluso disfrutar de estas fotografías en una sociedad que no es ajena a imágenes sexuales, logra transformar esa mirada lujuriosa en algo más creativo, al menos eso fue lo que pensó Stéphane Blanquet, un ilustrador francés que publicó un libro en el que convierte el porno clásico en ilustraciones; en la serie Rendez Vous Moi en Toi, el artista realiza un proceso sencillo pero con un buen resultado: recopila fotografías porno vintage de revistas y otras fuentes,para transformar las primeras representaciones visuales del sexo oral, eyaculaciones, penetraciones, etc. en una edición “ilustrada” parecida al del cómic underground.
Rendez Vous Moi en Toi y la visión del artista sobre la pornografía son expuestas en el Museo del Erotismo de París.
A continuación de presentamos el trabajo del francés, publicado en Rendez Vous Moi en Toi.
https://img.culturacolectiva.com/content/2014/05/161.jpg https://img.culturacolectiva.com/content/2014/05/151.jpg https://img.culturacolectiva.com/content/2014/05/113.jpg https://img.culturacolectiva.com/content/2014/05/92.jpg https://img.culturacolectiva.com/content/2014/05/101.jpg https://img.culturacolectiva.com/content/2014/05/72.jpg https://img.culturacolectiva.com/content/2014/05/82.jpg https://img.culturacolectiva.com/content/2014/05/63.jpg https://img.culturacolectiva.com/content/2014/05/42.jpg https://img.culturacolectiva.com/content/2014/05/33.jpg https://img.culturacolectiva.com/content/2014/05/23.jpg https://img.culturacolectiva.com/content/2014/05/110.jpg https://img.culturacolectiva.com/content/2014/05/52.jpg
