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The Tribe: lenguaje, violencia y juventud

Adulto The Tribe: lenguaje, violencia y juventud

Una perspectiva personal de alguien no silente.

En busca de algo innovador e inusual, decidí darle play a al fille ucraniano The tribe, un largometraje narrado, en su totalidad, en lenguaje de señas, sin subtítulos (en ningún idioma), sin música, sin alguna pista de la traducción de los diálogos a excepción de los gestos. Al tener el filme frente a mí, me vi forzada a prestar más atención en los movimientos faciales y corporales de cada uno de los personajes, así como analizar la utilería y los escenarios de cada toma para intentar traducir las conversaciones. Cada interpretación de la historia de The tribe es personal y única, en especial para personas que no estamos familiarizadas con el lenguaje de señas, pues se crea un juego de adivinanzas entre el espectador y los personajes. La reseña descrita a continuación es narrada desde la percepción, aprehensión e interpretación particular.

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Nuestra primera escena comienza en una parada de autobuses, ubicada en una pequeña ciudad ucraniana. Sergey, un adolescente un poco desubicado, comienza a pedir ayuda a una anciana que se encuentra a su lado, ella intenta comunicarse con él, sin embargo él parece distraído y perdido en sus palabras, decide tomar el siguiente autobús, el que lo deja en su nuevo hogar, un internado para personas con debilidad auditiva.

The tribe narra la historia de un grupo de adolescentes sordomudos situados en un mundo de violencia y corrupción, pues esta pandilla está sujeta al tráfico de drogas, trata de blancas y vandalismo. Para poder sobrevivir en este escenario construido sin leyes y sin normas, Sergey busca pertenecer a esta familia que lo guiará en su transformación.


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Llegar a sintetizar la historia de la cinta y describirla en un párrafo es algo complicado, pues el planteamiento del filme produce la sensación de estar perdido en un universo alterno: las dudas se producen rápidamente y muchas de ellas se quedan sin respuesta, el cerebro se encuentra en una búsqueda constante de traducciones y significados, y el hecho de que las pocas palabras que se pueden leer en la escenografía se encuentren en ucraniano no es de gran ayuda.

Contribuye a la atmósfera de silencio el que los pocos sonidos sean aquellos producidos por los propios personajes, como la suela de los zapatos al tocar los pasillos del internado, las respiraciones agitadas, el roce de la ropa e incluso de la piel, pues de manera estratégica es silenciado el sonido ambiental de cada escenario.


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Para acentuar el poder de la mímica corporal, el director, Myroslav Slaboshpytskiy, decidió rodar su ópera prima, The Tribe, con steadycam, a base de largos planos secuencia, con los que se sigue a cada uno de los personajes como un ser flotante invisible que observa todas sus acciones sin intervenir en ellas.

Sin embargo, la ausencia de primeros planos, planos detalle y la excesiva duración de los planos secuencias acrecientan la distancia emocional entre público y personajes, distancia agudizada por la incomprensión de un lenguaje y una cámara lejana.




En definitiva, nos encontramos frente a un filme sumamente violento y disímil, un relato en crudo parecido al de La Naranja Mecánica, de Kubrick, pero narrada en un lenguaje desconocido para la gran mayoría. Cabe preguntarse si todo lo visto no acaba por ser un poco banal o vacío, pero el relato funciona como un microcosmos pervertido, involucrándonos como uno más del grupo, con la diferencia de que somos el único personaje que puede oír lo que ellos sólo pueden ver.


Referencias: