¿Quienes son los hombres que no siguen estereotipos? Nadie tiene la respuesta, pues el humano –así como es un ser social y polígamo por naturaleza– es un ser influenciable que se guía, desde su nacimiento, por la imitación. Sin embargo, existen detalles, características y decisiones que personalizan la apariencia de un hombre para demostrar que lo suyo no es seguir reglas ni tendencias. Los tatuajes en las costillas son una de las tantas formas en las que muchos chicos deciden romper las normas impuestas por la moda, para fusionar lo femenino con lo masculino y crear nuevos estilos.

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La estética de estos diseños sobre el dorso es cautivante. Pero, ¿qué tanto dolor está dispuesto a soportar un hombre para convertirse en un referente de estilo y originalidad?
Cuando las agujas impregnadas en tinta atraviesan una y otra vez la piel hasta hacerla sangrar, el dolor experimentado realmente nunca se siembra en los tejidos perforados. Esta sensación de amenaza o agresión física en realidad surge del cerebro, quien recibe las señales que le llegan en décimas de segundos, para interpretarlas y comprenderlas como “dolor”. Entonces, el malestar en la piel –inclusive sobre el músculo– al hacerte un tatuaje ¿es real o no?

La respuesta no es subjetiva, sino relativa; el órgano que percibe y analiza la sensación que sufre nuestra piel es el cerebro. Éste estudia los datos recibidos, es decir, las agujas penetrando la dermis, para después gestionar la información y decidir las sensaciones y percepciones que uno experimenta. En cuanto la máquina de un tatuador entra en acción, el cerebro enciende las alarmas a través de un sistema de nocicepción: el mecanismo en nuestra mente que detecta cualquier variación física, térmica o química, la cual nuestro cuerpo interpreta como dolor.

Por lo tanto, el intenso suplicio de elegir un área sensible –como las costillas– para grabar algo sobre la piel, es más una construcción basada en los datos que recibe el cerebro y un conjunto de experiencias, aprendizaje y recuerdos que éste posee. Sabiendo esto, es probable que sea mucho más fácil concentrarse de tal manera que el cerebro logre adormecer la sensación de dolor para que las costillas, así com la piel sobre ellas, soporten una sesión larga y definitiva de tatuajes.

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Fuera del dolor que estos diseños puedan provocar, hacerse un tatuaje de cualquier tamaño en las costillas y con la forma que sea es una de la fórmulas más originales para aquellos que no tienen miedo de seguir modas estereotipadas como femeninas. Sin importar si se trata de una frase en letras romanas o de una serpiente gruesa y con detalles toscos, el área dorsal evoca mucha sensualidad al permanecer –la mayoría del tiempo– cubierta. Por lo tanto, los tatuajes en las costillas sólo se atreven a portarlos los hombres que no siguen estereotipos.
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Referencias
Quo Ciencia
