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ARTE

Edward Hopper y la solitaria realidad americana en sus pinturas

A 140 años del nacimiento del artista detrás del realismo estadounidense, sus espacios vacíos y personajes de rostros difusos, inexpresivos y melancólicos.

Alto, callado, reflexivo, culto. Sus obras brillan desde el silencio de un espectador que supo captar el alma de las ciudades del siglo XX. En el 140 aniversario del natalicio de Edward Hopper, podemos decir que sus obras aún reflejan el espíritu de la humanidad en el siglo XXI.

Su obra más conocida es Nighthawks (’Noctámbulos’, en español). En ella podemos ver la soledad de un grupo de comensales desvelados, sentados sin hablar entre sí en un café. Habitan como en el interior de una pecera sin ser conscientes del mundo que les rodea, y el dueño los observa con una perezosa atención.

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En su época, Hopper era considerado un pintor moderno, pero nunca atado a las vanguardias. Esta decisión de no atenerse a las modas artísticas de su época pudo deberse a su calidad de observador. Nació cerca del río Hudson en 1882 y en 1908 se mudó a la ciudad de Nueva York, la urbe que se dedicó a conocer a detalle.

“Experimentó las mismas calles y fue testigo de los ciclos incesantes de demolición y construcción que continúan hoy, mientras Nueva York se reinventa una y otra vez. Sin embargo, como pocos otros lo han hecho de manera tan conmovedora, Hopper capturó una ciudad que era a la vez cambiante e inmutable, un lugar particular en el tiempo y claramente moldeado por su imaginación. Ver su trabajo a través de esta lente abre nuevos caminos para explorar incluso las obras más icónicas de Hopper”, afirma Kim Conaty, curadora de dibujos y grabados de la exposición ‘La Nueva York de Edward Hopper’ que se exhibe en el Museo Whitney de Arte Americano.

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Muchas de sus obras de Hopper están llenas de espacios vacíos habitados por personajes de rostros difusos, inexpresivos y melancólicos. Viven en un universo que sólo es equiparable a las películas del cine negro y las novelas de Raymond Chandler. Los colores de sus pinturas son opacos, como las intenciones de la gente del Nueva York que le tocó vivir.

Sus obras son tan sencillas y personales que al verlas nos hace creer que hemos estado ahí, al menos en espíritu. Y no lo digo porque se vean lugares de importancia histórica u obras colosales; por el contrario: todo es tan personal y pequeño que el espectador se involucra y lo siente. Es por ello que sus obras han servido de fuente de inspiración para el cine moderno. Películas como Blade Runner, The Batman, Stranger Than Paradise, Mystery Train, Paterson, Psicosis y muchas más se han servido de sus obras para crear escenas memorables.

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En 1968, la viuda de Hopper, la artista Josephine Nivison Hopper, legó la totalidad de sus posesiones artísticas (2,500 pinturas, acuarelas, grabados y dibujos) y muchas de sus propias obras de su residencia de estudio en Washington Square.


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Etiquetas:Arte
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