Donald Trump puede cambiar la trayectoria de una empresa en los mercados en un segundo. Ese es su poder y lo que lo encumbró en el cargo más influyente del planeta. El destino de una compañía trasnacional está a menos de 140 caracteres y un par de dedos del que a partir de enero será el hombre más poderoso del mundo.
Primero fue Boeing. La empresa constructora de aviones se encontró con una crisis de imagen la mañana del martes 6 de diciembre. El responsable: un tuit del presidente electo sobre los excesivos costos del nuevo modelo para el Air Force One, como se le conoce al avión presidencial.
La frase final del mensaje –”¡cancelar la orden!”– le hizo perder a la compañía cerca de tres dólares por cada acción.
Fue el portavoz de la Casa Blanca, John Earnest, quien salió a defender el acuerdo firmado y lo que permitió que la compañía recuperara algo de lo perdido en la bolsa de valores.
Después fue Lockheed Martin, empresa dedicada a la fabricación de armamento avanzado contratista del ejército estadounidense. Trump tuiteó este martes por la mañana que, bajo su administración, no se comprarían los aviones modelo F-35 que Barack Obama había prometido, debido a los costos excesivos.
Los mercados no tardaron en responder: unos minutos después, la empresa perdió varios puntos porcentuales. En apenas un par de horas, 4 mil millones de dólares se esfumaron de los bolsillos de Lockheed.
Donald Trump es uno de los empresarios que mejor maneja los tiempos en los medios de comunicación. Su capacidad para imponer su agenda, incluso la más banal, propició un debate entre los periodistas norteamericanos sobre cómo cubrir su candidatura y su eventual triunfo.
La victoria de Trump en las elecciones presidenciales el pasado noviembre cambiaron todos los planes. Incluso los del ganador. La biografía en su perfil de Twitter ahora anuncia al presidente electo de los Estados Unidos.
Desde esa red social, el neoyorkino opina, discute, refuta, insulta y sobre todo, genera polémica sobre el tema que se le ocurra. Su costumbre es ver las cadenas informativas en la televisión por cable y responder a través de una serie de tuits sobre lo que sea que estén discutiendo en el plató.
Algunos políticos, todos bajo la condición de anonimato, citados por varios medios norteamericanos, consideran que la cuenta de Twitter del presidente electo podría ser “una amenaza contra la seguridad nacional” por el poco cuidado que Trump tiene al usarla y por los hackers que podrían infiltrarse.
De acuerdo a varios expertos en mercados internacionales, las compañías ya clasifican la cuenta de Twitter del presidente electo como “un tipo de riesgo” en Wall Street, la bolsa de valores más importante del mundo.
“Nosotros y varias empresas más tenemos a un grupo de especialistas trabajando intensamente en el desarrollo de un algoritmo que nos permita predecir el siguiente tuit del presidente”, le dijo Zachary David, jefe del departamento de analistas de Grupo KOR —una compañía especializada en bienes raíces— al portal informativo Politico. “Pero el gran problema es que la principal cualidad de Trump es ser impredecible”.
Pero el efecto no siempre es negativo. Compañías como Goldman Sachs, una de las responsables de la crisis económica de 2008, ha mejorado sus números a partir de la victoria de Trump. Desde el día de las elecciones, a principios de noviembre, hasta la mitad de diciembre, la compañía banquera incrementó sus números en la bolsa en casi un 25 por ciento.
Según los expertos, esto se debe a que los inversores consideran que el gobierno de Trump les permitirá hacer mejores tratos gracias a las políticas del republicano.
Trump suele tener actitudes compulsivas con su cuenta de Twitter. Sus consejeros más cercanos le recomendaron que, una vez investido como presidente, deje que la administren sus expertos en redes sociales.
Pero Trump, como en cualquier tema, cree que es un experto. Y nadie podrá convencerlo de lo contrario.
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